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lunes, 11 de septiembre de 2023

ALEGATO CONTRA LA RECALIFICACIÓN URBANÍSTICA DEL ENTORNO PROTEGIDO DEL MONASTERIO DE EL PAULAR

Todavía hay un valle
y una tarde serena.
Y lejos una campana
que suena en la serena tarde,
todavía...
(«Todavía», poema escrito por un monje anónimo del monasterio de El Paular)

Hace años escribimos aquí algunas líneas para denunciar proyectos urbanísticos en dos valiosas dehesas de la Sierra de Guadarrama, una en Moralzarzal (Madrid), y la otra en Sotosalbos (Segovia), afortunadamente paralizados a tiempo. Es sabido que los ecosistemas asociados a las dehesas y prados cercados por viejas tapias de piedra, tan ricos en paisajes y biodiversidad, son los más amenazados de toda la sierra por la presión urbanística, pero lo que nunca imaginamos entonces es que justo al cumplirse el décimo aniversario de la declaración del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama (y también del inicio de este Cuaderno de bitácora en el que escribo) hubiera que volver a alertar sobre los peligros que esta vez amenazan al mejor y más representativo de todos ellos: el entorno protegido del monasterio de El Paular. Sin embargo, hacerlo resulta obligado y más necesario que nunca en estos tiempos de retroceso ambiental sin parangón en la historia de la conservación en España, en los que se está desmantelando el entramado legal y administrativo con el que nos habíamos dotado desde los años ochenta del siglo pasado, y en el que se apoyaban las políticas de protección de la Naturaleza y el patrimonio cultural de nuestro país.

  El icónico entorno protegido del monasterio de El Paular con el macizo de Peñalara al fondo   

          En estas últimas décadas hemos ido marcha atrás vertiginosamente. Antes nos resignábamos, como un mal menor, a la realidad de que todo lo que no está protegido está amenazado, pero hemos llegado a un extremo en que las amenazas se ciernen ya sobre lo más protegido precisamente por los valores que guarda, tan tentadores para los que manejan los hilos de las políticas ultraliberales (o incluso no tanto) que están saqueando los bienes comunes tangibles e intangibles en favor de intereses privados o conveniencias electorales: Doñana, el Mar Menor, Canal Roya, por citar algunos ejemplos recientes, y otros muchos que no reciben tanta atención mediática. Esta, más que ninguna otra, es la «marca España» que vendemos en el mundo.

miércoles, 1 de febrero de 2023

SOBRE EL INJUSTIFICABLE BLOQUEO DEL CATÁLOGO PATRIMONIAL DE BIENES Y ESPACIOS PROTEGIDOS DE MIRAFLORES DE LA SIERRA

A comienzos de 2018, siendo concejal de Medio Ambiente y Urbanismo del Ayuntamiento de Miraflores de la Sierra, di inicio a los trabajos de actualización del Catálogo Patrimonial de Bienes y Espacios Protegidos de este municipio, en cumplimiento de uno de los objetivos que me marqué al aceptar la petición que se me hizo desde el Grupo Socialista para formar parte del gobierno municipal en la legislatura 2015-2019. Tras la celebración de un acto participativo para debatir sobre la iniciativa con vecinos e interesados, y finalizados in extremis los largos y meticulosos trabajos de catalogación, el 1 de febrero de 2019, hoy hace exactamente cuatro años, llevé a Pleno municipal la moción para la modificación puntual de las Normas Subsidiarias de Planeamiento Urbanístico con la inclusión del nuevo catálogo, que fue aprobada con los votos a favor de todos los grupos políticos que entonces formaban la corporación municipal, excepto la abstención de Cambiar Miraflores, marca blanca de Izquierda Unida. No hubo tiempo para mucho más, ya que pocos meses después, en junio de 2019, llegó al Ayuntamiento de Miraflores de la Sierra el actual equipo de gobierno del Partido Popular presidido por el alcalde Luis Guadalix, cuya concejalía de Urbanismo no ha hecho nada a lo largo de la actual legislatura por completar la tramitación final del nuevo catálogo. Como actualmente se encuentra perdido en este limbo, sin posibilidad alguna de ser consultado, coloco al final de estas líneas un enlace a través del cual se puede acceder al documento completo aprobado hace cuatro años, que consta de 302 fichas de elementos catalogados con el código INPHIS del Sistema de Información del Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid. 

Cartel del acto participativo para la actualización del Catálogo
del Patrimonio de Miraflores de la Sierra, celebrado en 2018
 
          Las obligaciones y responsabilidades que tienen las administraciones locales en la conservación del patrimonio están claramente determinadas por las leyes. A pesar de ello, la turbia historia del urbanismo en España durante las últimas décadas señala a los ayuntamientos y a las comunidades autónomas como principales responsables de las cuantiosas e irreparables pérdidas de nuestro patrimonio arquitectónico y monumental sufridas a lo largo de todo este tiempo, por su dejación de funciones en el cumplimiento de estas obligaciones legales, bien sea por simple desidia o por ceder directamente a presiones de todo tipo ejercidas por conveniencias políticas o intereses privados. Aunque sólo sea como aviso para navegantes que surcan las agitadas y siempre peligrosas aguas del urbanismo municipal, es importante recordar aquí las normativas que desde los distintos ámbitos administrativos obligan a los ayuntamientos a conservar y proteger los bienes patrimoniales existentes en sus municipios. En primer lugar la Constitución Española, cuyo Artículo 46 determina de forma general que «Los poderes públicos garantizarán la conservación y promoverán el enriquecimiento del patrimonio histórico, cultural y artístico de los pueblos de España así como de los bienes que lo integran, cualquiera que sea su régimen jurídico y su titularidad». En el ámbito de la legislación estatal, la Ley 16/1985 del Patrimonio Histórico Español determina en su Artículo 7 que «los Ayuntamientos cooperarán con los organismos competentes en la ejecución de esta Ley para la conservación y custodia del Patrimonio Histórico Español comprendido en su término municipal, adoptando las medidas oportunas para evitar su deterioro, pérdida o destrucción». Y ya en el ámbito regional, la Ley 3/2013 de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid establece en su Artículo 16 que «los Ayuntamientos están obligados a recoger en sus catálogos de bienes y espacios protegidos tanto los bienes incluidos en el Catálogo Geográfico de Bienes Inmuebles del Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, como los bienes que, reuniendo los requisitos del Artículo 2.1, puedan tener relevancia para el municipio». Este artículo es el que está incumpliendo desde hace diez años el Ayuntamiento de Miraflores de la Sierra, aunque la actual normativa va a ser pronto sustituida «actualizada», según el Gobierno regional madrileño por otra cuyo proyecto de ley ha sido aprobado por el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid el pasado 19 de octubre de 2022. Y no sólo incumple esta normativa, sino también la Ley 9/2001 del Suelo de la Comunidad de Madrid, que en su Artículo 60.C determina que «la aprobación provisional de los Catálogos corresponderá al Pleno del Ayuntamiento, debiendo remitirse el expediente completo a la Consejería competente en materia de ordenación urbanística para su aprobación definitiva»
                     
El catálogo recortado y obsoleto de 1997
Por una simple cuestión de pundonor profesional ante el bloqueo de la actualización del Catálogo del que estamos hablando, quiero volver a insistir aquí sobre lo dicho un poco más arriba: que garantizar la conservación del patrimonio histórico y arquitectónico de Miraflores de la Sierra fue una de las principales y más secretas apuestas personales por las que decidí aceptar la petición de formar parte, como concejal independiente, de la candidatura del PSOE en las elecciones municipales de 2015, poniendo como condición que se me dieran las competencias de Urbanismo además de las de Medio Ambiente que me habían ofrecido inicialmente. Esta petición estaba justificada, pues siempre he pensado que en las administraciones locales ambas competencias deben estar en las mismas manos para poder subordinar la primera a la segunda. Y digo que esta apuesta personal al principio fue «secreta» porque proteger bienes inmuebles con valor patrimonial es una medida que choca contra intereses políticos y económicos de todo tipo y suele ser especialmente problemática e impopular en municipios pequeños donde todos los vecinos se conocen. En todo caso, para mí obedecía a una razón de mucho peso: los numerosos edificios destacados o humildes de valor histórico o arquitectónico que he visto caer bajo la piqueta a lo largo de cincuenta años en una localidad privilegiada por su belleza, en la que me he criado y donde tengo un hondo arraigo familiar desde hace generaciones, pero que a pesar de estas pérdidas todavía mantiene en un aceptable grado de conservación parte de su casco histórico y sus antiguas colonias de veraneo, además de otros valores patrimoniales mucho menos conocidos. 
          Como un solo ejemplo de lo que hemos visto desaparecer a lo largo de estas últimas cinco décadas quiero recordar aquí la Fábrica de Pasamanería de los Hijos de Ángel Rodríguez, una notable muestra de arquitectura industrial de finales del siglo XIX cuyo interés patrimonial era patente a pesar de tener arruinada una parte de sus cubiertas, de lo que se da fe en el exhaustivo estudio sobre el patrimonio arquitectónico regional publicado entre 1991 y 1993 por la Dirección General de Arquitectura de la Comunidad de Madrid con el título Arquitectura y desarrollo urbano. Comunidad de Madrid (Zona Norte, III, páginas 470-471). Ello no evitó su demolición a mediados de la década de los 90, aunque irónica e inexplicablemente aparecía todavía mencionada en 2008 como un elemento patrimonial merecedor de protección legal en el Catálogo Regional de Patrimonio Arquitectónico de la Comunidad de Madrid (Tomo I, página 133). A falta de fotografías del edificio y de su derribo, que lamentablemente no hice en su día, tengo grabada en la memoria la penosa imagen de la vieja máquina de vapor de fabricación inglesa que movía sus telares antes de la llegada de la energía eléctrica, oxidándose bajo la lluvia en un rincón del enorme y apetitoso solar que quedó tras la demolición, donde hoy se levantan el Teatro Municipal Villa de Miraflores y el gran edificio de pisos y apartamentos que lleva el nombre de «Pasamanería» como único recuerdo de la antigua fábrica. Quién sabe dónde iría a parar...

La desaparecida fábrica de Pasamanería de Ángel Rodríguez, según el grabado impreso
en el membrete de sus facturas a comienzos del siglo XX. Allí trabajaban cerca de
un centenar de mujeres (mirafloresdelasierrablog.blogspot.com)

          Volviendo a la cuestión que nos ocupa, para el cumplimiento de la Ley 3/2013 de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid el Ayuntamiento de Miraflores de la Sierra recibió el 9 de agosto de 2013 un requerimiento de la Dirección General de Patrimonio para que llevara a cabo la actualización de su catálogo en el plazo de un año, requerimiento que estaba incumplido cuando entré a formar parte del equipo de gobierno en junio de 2015. Por ello, el 17 de marzo de 2016 asistí en compañía del arquitecto municipal, Juan Ignacio Burgos, a la II Jornada La administración local en la protección del Patrimonio Histórico: la gestión de los catálogos, organizada por la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid con la finalidad de orientar a los alcaldes, concejales, técnicos municipales y profesionales de la gestión patrimonial sobre los procedimientos a seguir para actualizar los catálogos municipales de bienes y espacios protegidos, en la que se insistió sobre la importancia que tienen como instrumento urbanístico para identificar los bienes que forman parte del patrimonio histórico de la región, cada uno con el nivel de protección correspondiente a su valor. En nuestro caso era urgente hacerlo, pues Miraflores de la Sierra no cuenta con un Plan General de Ordenación Urbana, y el Catálogo de Bienes Protegidos vigente todavía hoy, incluido como documento anexo en las Normas Subsidiarias Municipales de 1997, se ha ido reduciendo a lo largo de los años por causas que a nadie se le escapan. Así, el listado de 124 elementos protegidos que figuraba inicialmente en las Normas Subsidiarias de 1997 se redujo a 110 tras una modificación llevada a cabo en 2002, en la que se comprueba que faltan 14 edificios que fueron descatalogados para su derribo. Esta modificación del catálogo aprobada en pleno municipal el 27 de junio de 2002, siendo alcalde Francisco Esteban, del PSOE, lleva el subtítulo eufemístico de «corrección de errores», como si el error fuera proteger, y no lo contrario, y supuso la pérdida de más de un 10% del Catálogo en apenas cinco años. Pero estas pérdidas no fueron las únicas, pues otros edificios de valor patrimonial habían sido demolidos anteriormente tras ser despojados de su categoría de máxima protección, sin contar los muchos que fueron derribados, sin más, desde los años sesenta del siglo pasado, cuando la regulación y la disciplina urbanísticas eran prácticamente inexistentes. 

Casa de 1767 con corralón anexo en la calle de la Cruz
Verde, que figuraba en esta ficha del catálogo con el grado de
"protección integral" y que fue descatalogada para su derribo

          Al revisar el Catálogo «corregido» de 1997 pudimos comprobar sus numerosas carencias, y no sólo por la falta de los edificios que fueron descatalogados, sino también la de otros muchos elementos importantes del rico patrimonio arquitectónico, paisajístico y cultural de Miraflores de la Sierra que nunca fueron incluidos en el mismo, faltas que nos pareció necesario subsanar con urgencia para evitar nuevas e irreparables pérdidas.
           
Un catálogo actualizado para el siglo XXI arrumbado en un cajón
Por todo ello, venciendo reticencias, desde la Concejalía de Medio Ambiente y Urbanismo iniciamos a comienzos de 2018 los trabajos para completar el listado muy básico e incompleto del catálogo de 1997, que dejaba fuera y sigue dejando, al estar su actualización arrumbada en un cajón algunos de los más importantes elementos patrimoniales del municipio, sobre todo arquitectónicos, pero también culturales, históricos y otros de carácter más intangible, como son los de interés paisajístico. Tras someterlos a concurso público para su adjudicación, los trabajos de elaboración del nuevo catálogo fueron llevados a cabo por una consultora especializada en la conservación del patrimonio regional, que cuenta con más de treinta años de experiencia y un equipo multidisciplinar de arquitectos, urbanistas, arqueólogos e historiadores. Con ellos, con personal de los servicios técnicos del Ayuntamiento, con algunos vecinos y a veces en solitario, recorrí todo el casco urbano y una gran parte del término municipal para identificar, georreferenciar y fotografiar todos y cada uno de los elementos patrimoniales recogidos finalmente en las 302 fichas que lo integran, cifra que casi triplicó la del catálogo de 1997 recortado en 2002.

Página de una de las fichas de la actualización del Catálogo del
Patrimonio Histórico de Miraflores de la Sierra aprobada en 2019

          En la actualización del catálogo se subsanaron clamorosas faltas referentes a edificios de interés patrimonial situados tanto en el casco histórico como en las antiguas colonias de veraneo de las carreteras de Rascafría y Canencia y del Cerro de los Santos incluidas sólo parcialmente en el Catálogo Regional de Patrimonio Arquitectónico, además de otras muchas carencias relativas a edificaciones y a otros elementos de interés ubicados en diferentes zonas dentro y fuera del ámbito urbano, algunos de los cuales hubo que volver a incluir en el catálogo por haber sido excluidos del mismo a pesar de que ostentaban la máxima categoría de protección. 
          Como ejemplo quizá más destacado de estas graves carencias mencionaremos el edificio de La Cristalera, un referente imprescindible de la arquitectura española contemporánea construido en 1957 por José Antonio Corrales, Ramón Vázquez Molezún y Alejandro de la Sota, quienes lo integraron armoniosamente en el hermoso paraje del Hueco del Cancho, en la subida al puerto de la Morcuera (código INPHIS CM/85/152). Citando aquí otro ejemplo ilustrativo, junto con otras muchas edificaciones de la colonia histórica de la carretera de Rascafría incluimos la antiguamente llamada Villa Pirucha, una gran casa de veraneo construida en 1935 por el arquitecto Luis Gutiérrez Soto para Antonio Soria, un conocido y acaudalado empresario mexicano de la época. Pese a formar parte de esta destacada colonia incluida parcialmente en el Catálogo Regional de Patrimonio Arquitectónico, en época relativamente reciente, tras ser segregada en dos propiedades distintas, sufrió varias reformas ilegales que alteraron notablemente su fachada principal de inspiración racionalista y una de las dos grandes puertas en forma de arco que daban acceso a la antigua finca (códigos INPHIS CM/85/166 y 167)(1). 
          Otro criterio de catalogación que empleamos para dotar de protección municipal a algunas edificaciones destacadas, a añadir al de sus valores arquitectónicos intrínsecos, fue preservar el legado cultural y la memoria local de sus antiguos e ilustres propietarios, como Vistalegre, la casa del Premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre, en la que pasó los veranos desde finales de los años veinte hasta su muerte en 1984 y donde escribió gran parte de su obra (código INPHIS CM/85/130), y La del manojo de Rosas, del compositor Pablo Sorozábal, quien escribió allí las partituras de sus zarzuelas más conocidas, como la que le da nombre (código INPHIS CM/85/256). Empleando criterios unitarios de conservación patrimonial incluimos también conjuntos de edificaciones representativos de diferentes épocas y tendencias de la arquitectura española, como las dos interesantes colonias de viviendas de los años cincuenta del pasado siglo que se conservan en Miraflores, de muy distinto origen social en aquellos años del franquismo y que figuran en el Catálogo Regional de Patrimonio Arquitectónico: la colonia del Cerro de los Santos, algunos de cuyos «hoteles» de veraneo más antiguos fueron derribados ilegalmente en época reciente, y las llamadas «Casas baratas», viviendas obreras muy características de la arquitectura social de la posguerra, en este caso destinadas a alojar a los trabajadores y penados llegados de otras regiones del país para la construcción del ferrocarril directo Madrid-Burgos, los llamados tradicionalmente «carrilanos» en la localidad.

Vistalegre, la casa del Premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre no formaba parte
del Catálogo de Patrimonio de Miraflores de la Sierra, hasta que la
incluimos en la actualización de 2019, hoy bloqueada 

          También incluimos en la actualización numerosos elementos patrimoniales tangibles e intangibles existentes en la totalidad del término municipal, pues el Catálogo de 1997 modificado en 2002 prácticamente se limita a los bienes situados en el ámbito del casco urbano (excepto los antiguos molinos y puentes, que quedan incluidos automáticamente en los catálogos municipales por la Ley 3/2013 de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid), para lo que fue de gran ayuda la colaboración de algunos de los muchos vecinos que comparten conmigo el interés por conservar el patrimonio de Miraflores de la Sierra, entre los que no quiero dejar de citar aquí a Cándido Juez y a Marta Valentín-Gamazo, y de asociaciones como el Observatorio del Patrimonio de la Sierra de Guadarrama y Ecos de Miraflores. Así, catalogamos por primera vez construcciones rurales de gran interés paisajístico y etnográfico, entre las cuales figuran algunas tomadas como motivo por la pintura de paisaje del siglo XIX, muros de piedra seca que rodean prados y suertes, majadas pastoriles y casas forestales y de peones camineros. También incluimos antiguas minas documentadas entre los siglos XVII y XIX (códigos INPHIS CM/85/230, 231 y 232) e infraestructuras históricas muy poco conocidas, como son los tramos que todavía se conservan del trazado del antiguo Camino Real de El Paular (código INPHIS CM/85/228) y los restos poco visibles del Ventisquero de la Morcuera (código INPHIS CM/85/227), ambos utilizados desde el siglo XVII para el abastecimiento de nieve a la ciudad de Madrid. Igualmente incorporamos al catálogo fuentes, abrevaderos, albercas, viejos depósitos y captaciones de agua, pavimentos antiguos, hitos, mojones y cruces de piedra conmemorativas. Entre estas últimas, muy amenazadas por el expolio, el vandalismo o la simple desidia e ignorancia de las Administraciones, incluimos la desaparecida «Cruz del Cura», como así era conocida, un crucero de dos metros de altura labrado en una sola pieza de piedra que recordaba la muerte violenta del coadjutor de la parroquia de Miraflores de la Sierra el 10 de agosto de 1936 (código INPHIS CM/85/298). En 2002 quedó enterrada por una excavadora en el talud de la explanada que se abrió al borde de la carretera M-611 para emplazar una parada del autobús interurbano, y allí sigue oculta y olvidada, pero al menos identificada y georreferenciada hasta que alguien decida recuperarla para ser guardada y conservada con un mínimo de dignidad. Igualmente incluimos por primera vez elementos patrimoniales intangibles, como son los paisajes culturales más sobresalientes de nuestro entorno a los que ya nos hemos referido, incluidos los cielos nocturnos que aún se conservan libres de contaminación lumínica, algunos de ellos simbólicos para la historia del descubrimiento artístico, literario, científico y deportivo de la Sierra de Guadarrama (códigos INPHIS CM/85/299 y 300). Todos estos elementos quedan sin protección municipal con el bloqueo de la actualización del Catálogo.
          Como se ve por todo lo que acabo de referir, este largo y pormenorizado trabajo de catalogación lo hicimos con rigor y verdadero compromiso con la conservación de nuestro patrimonio, pero también con la flexibilidad necesaria a la hora de establecer los diferentes grados de protección y de tomar medidas para no perjudicar los intereses de los propietarios de los elementos protegidos, como son exenciones o bonificaciones tributarias en el Impuesto de Bienes Inmuebles, según los casos, y otras similares. Sin embargo, después del mucho trabajo dedicado y el dinero público invertido parece que todo ello ha quedado en nada tras la llegada del actual equipo de gobierno al Ayuntamiento en junio de 2019, ya que en los casi cuatro años transcurridos desde entonces el concejal de Urbanismo, Esteban Domínguez, después del obligado trámite de su exposición pública (BOCM, 30 de enero de 2020, pág. 233), no ha hecho nada para hacer efectiva legalmente la actualización del Catálogo que fue aprobada con su voto a favor cuando ya era concejal en la oposición, es decir, no la ha llevado nuevamente a pleno municipal tras las alegaciones presentadas ni la ha remitido después a la Administración regional para su aprobación definitiva, lo que es también preceptivo. En conclusión: toda una legislatura perdida en lo relativo a la urgente conservación del patrimonio de Miraflores de la Sierra y la Sierra de Guadarrama.

La mayor parte de las edificaciones ganaderas tradicionales conservadas en
el término municipal fueron catalogadas, como la llamada Casilla de Gonzalo
Labrada en una sola pieza de granito y rodeada de leyenda, la Cruz del Pastor es otro
de los viejos cruceros repartidos por el término municipal de Miraflores de la Sierra
que recuerdan una "muerte en descampado", según la expresión popular de antaño 
           
          He esperado tanto tiempo antes de publicar estas líneas dando un voto de confianza al concejal de Urbanismo, teniendo en cuenta lo complicada que ha sido esta legislatura a causa de la pandemia y el confinamiento. Y lo he hecho aun a sabiendas de que la ralentización administrativa producida por el estado de alarma decretado el 14 de marzo de 2020 no puede justificar de ningún modo la paralización del proceso de la actualización del Catálogo. Por supuesto, nada de alarma ni confinamiento; la verdadera causa está en el hecho de que si la actualización se hubiera remitido a la Comunidad de Madrid para su definitiva aprobación y entrada en vigor el concejal que es quien toma las decisiones últimas sobre Urbanismo sin contestación o réplica alguna por parte del alcalde no hubiera podido sacar adelante dos modificaciones de las normas subsidiarias que llevó a pleno posteriormente, que fueron aprobadas gracias a la mayoría absoluta de su partido en el Ayuntamiento: una para dar vía libre a nuevos desarrollos urbanísticos en el llamado Ámbito aplazado, y otra para el cambio de usos permitidos en algunos antiguos edificios industriales o residenciales y poderlos destinar al uso hostelero o a la celebración de eventos turísticos.
           Aun teniendo claros estos motivos, en el último pleno municipal celebrado el 27 de enero de 2023, aproveché el turno de ruegos y preguntas para pedirle personalmente explicaciones sobre las causas de este bloqueo, pero no acertó a dar respuesta justificada alguna, tildando de absurdo «eso de incluir paisajes en el catálogo» y culminando su intervención con la guinda «tú no eres de Miraflores...».
          Soy de Miraflores desde hace mucho más tiempo que él, y sé por experiencia propia lo espinoso y desagradable que es aguantar las presiones y recriminaciones que traen consigo estas medidas generalmente impopulares tomadas por los ayuntamientos para proteger el patrimonio en municipios donde las relaciones de vecindad son muy estrechas. Pero soportarlas en defensa del interés común es algo que va implícito al cargo y a las funciones de concejal, y muy especialmente cuando se asumen las competencias de Urbanismo, y por supuesto dando uno mismo ejemplo con la inclusión en el Catálogo de su propiedad familiar.
          Y por si se quisiera utilizar como argumento el cambio legislativo en ciernes, la aprobación de la nueva Ley de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, que tendrá lugar previsiblemente antes de las elecciones municipales y autonómicas del 28 de mayo de 2023, no puede servir de excusa para el incumplimiento de la Ley 3/2013 todavía hoy vigente, y menos aún cuando aquella va a relajar las exigencias a los ayuntamientos ampliando el plazo para actualizar los catálogos de uno a tres años a partir de su entrada en vigor, lo que nos haría perder un tiempo precioso. La modificación puntual de las Normas Subsidiarias Municipales para la actualización del Catálogo de Bienes y Espacios Protegidos de Miraflores de la Sierra fue aprobada por mayoría en pleno municipal amparándose en la ley entonces y todavía hoy en vigor, y por ello debe ser firme jurídicamente y aplicable legalmente después de su aprobación definitiva por la Comunidad de Madrid. Y si es necesario habrá que acogerse también a la Disposición Adicional Sexta de la futura Ley, que deja todo bien claro en lo referente a la inacción y la pasividad de los ayuntamientos en el cumplimiento de la normativa(2).
          No se puede desperdiciar más tiempo, insisto, porque el Catálogo es el gran directorio para el completo y detallado conocimiento de nuestro patrimonio, y la única herramienta de que disponemos actualmente para evitar nuevas pérdidas de este recurso de enorme valor para un municipio que tiene como principal opción de futuro el turismo sostenible y de calidad en el privilegiado entorno del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Sólo falta la voluntad política de rematar su actualización, lo que no va a ser posible antes de las próximas elecciones, pero sí después por el equipo de gobierno al que le corresponda hacerlo. Que no nos ocurra lo mismo que en el cercano municipio de Los Molinos con la frustrada actualización de su catálogo, un espléndido trabajo que hoy constituye todo un referente para el conocimiento y la conservación del patrimonio de la Comunidad de Madrid, promovido en 2014 por el entonces concejal independiente de Urbanismo, Adolfo Rodríguez, Fito, y malogrado por conveniencias políticas.  
          Con el fin de conocer y valorar la importancia de esta herramienta para la conservación del patrimonio cultural de Miraflores de la Sierra y estimar el valor del trabajo realizado para su elaboración, aquí se puede acceder al documento del Catálogo actualizado y aprobado el 1 de febrero de 2019(3), a falta de las modificaciones a introducir tras los informes sectoriales de las administraciones y las alegaciones de particulares para la propuesta de aprobación definitiva que debería haberse cursado por el Ayuntamiento hace ya mucho tiempo.

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(1) Antonio Soria fue el fundador y director de la distribuidora cinematográfica "Rey Soria Films", un personaje de la alta sociedad madrileña en los años treinta y cuarenta del siglo pasado que no escatimó dinero para construir esta magnífica casa de veraneo situada en un entorno de enorme calidad paisajística. Además de su valor patrimonial como obra del gran arquitecto Luis Gutiérrez Soto, Villa Pirucha guarda, como tantas otras antiguas edificaciones de Miraflores de la Sierra, parte de la memoria histórica menos conocida de la localidad. Por ello quizá no esté de más referir aquí, aunque sea como un simple apunte anecdótico, el asalto a la casa perpetrado en agosto de 1946 por una partida del maquis al mando de Adolfo Lucas Reguilón, el último guerrillero antifranquista que actuó por las montañas españolas en los años de la posguerra. Inmediatamente después de esta acción, en la que despojaron al empresario mexicano de la entonces nada despreciable suma de 20.000 pesetas en concepto de "contribución a la causa republicana", la partida de Reguilón cruzó el puerto de la Morcuera para llevar a cabo su golpe de mano más atrevido: la ocupación durante unas horas de la localidad de Alameda del Valle, donde proclamaron la República tras izar la bandera tricolor en el balcón del Ayuntamiento, de lo que dejaron constancia por escrito en el libro de actas municipal.  

(2) "Los ayuntamientos que no hayan modificado sus catálogos de bienes y espacios protegidos desde 2013 deberán completarlos o formarlos en los términos establecidos en el artículo 36 en el plazo máximo de tres años a contar desde la entrada en vigor de la presente ley. En ningún caso se entenderá que la inactividad de los ayuntamientos da cumplimiento a las obligaciones establecidas en el apartado anterior de esta disposición adicional..." (Disposición Adicional Sexta del Proyecto de Ley de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, aprobado el 19 de octubre de 2022).

(3) Las coordenadas UTM de cada ficha no aparecen en este documento PDF resumido de la base de datos INPHIS. De forma provisional, algunas de las fichas no llevan las fotografías correspondientes, por referirse a tramos largos de cañadas y caminos.  

martes, 9 de junio de 2020

ADIÓS A LA TERTULIA DE «EL BARÓGRAFO», MEMORIA VIVA DEL BATALLÓN ALPINO DEL GUADARRAMA

La celebración de tertulias en los cafés es una tradición madrileña ya prácticamente desaparecida, aunque todavía perviven algunas que se resisten a la extinción y siguen reuniéndose a la vieja usanza en conocidos establecimientos del centro histórico de la ciudad. Esta antigua práctica social y cultural de congregarse en veladas vespertinas o noctámbulas para tratar cualquier materia o afición de los contertulios, como el teatro, las artes, la política u otras muchas, se ha transmutado en otro tipo de encuentros adaptados ya a las exigencias de la era digital. Con la progresiva desaparición de los antiguos cafés del centro de Madrid, víctimas de la especulación inmobiliaria, las tertulias han dejado su puesto a recitales de poesía, asambleas para la autogestión de grupos culturales o simples reuniones periódicas entre amigos que han encontrado lugar en nuevos espacios más funcionales, como bares de copas ciberconectados y esas acogedoras librerías de vinos y libros que se han puesto de moda en los últimos tiempos. Esto último, unido a la epidemia del coronavirus desatada recientemente, las condena seguramente a la desaparición definitiva. 
          Hoy vamos a ocuparnos en esta entrada de una de estas antiguas tertulias a punto de desaparecer, sin duda de las más singulares, en la que se reúnen desde los años de la posguerra algunos veteranos excombatientes del Batallón Alpino del Guadarrama, la conocida unidad militar que defendió las posiciones republicanas en las cumbres de la sierra durante la guerra civil. Es la tertulia de El Barógrafo, una simpática reunión abierta hasta hace muy poco tiempo a cualquier persona interesada en este asunto de tanta significación para la actual corriente guadarramista que investiga, estudia y divulga los valores naturales, científicos y socioculturales de estas montañas, reunión sin ínfulas intelectuales de ningún tipo ni otra pretensión que mantener viva la memoria de los hechos históricos que protagonizaron sus integrantes, a la que he asistido en numerosas ocasiones durante años. 
          Esta tertulia o «Club de los martes», como ellos preferían denominarla, tuvo su origen tras un encuentro casual en el Madrid de la posguerra entre tres veteranos del batallón, que propusieron reunirse periódicamente con otros camaradas que también lucharon en la unidad y que al acabar la contienda se habían librado de la cárcel o de la condena a trabajos forzados. Después de varios contactos entre ellos, Adolfo Ruiz Esteso, uno de aquellos excombatientes, envió a todos los que pudieron localizar unas tarjetas ilustradas por él mismo como felicitación navideña en recuerdo de los años compartidos en el frente, pues desde muy joven ha sido un destacado pintor e ilustrador. Con el tiempo fueron sumándose algunos otros según cumplían sus condenas, llegando a asistir en aquellos años más de veinte antiguos soldados y oficiales del famoso batallón republicano de esquiadores, lo que les obligaba a tomar muchas precauciones en las conversaciones que mantenían hablaban de sus recuerdos del frente, de deportes, de excursionismo y de otras muchas cuestiones, pero casi nunca de política para no despertar sospechas entre los numerosos soplones que pululaban por aquel opresivo Madrid de la posguerraLas reuniones se celebraron durante décadas de forma ininterrumpida e itinerante por algunos céntricos cafés madrileños, como el Café Varela de la calle de Preciados, el Yucatán de la glorieta de Bilbao y la famosa Cafetería Dorín de la calle del Príncipe, también lugar de encuentro habitual para actores y productores teatrales vinculados al cercano Teatro de la Comedia, trasladándose finalmente a El Barógrafo, en la misma calle, a mediados de la década de los noventa. De la colección de acuarelas y óleos pintados por Adolfo en aquellos años para servir de felicitación navideña a sus compañeros, obras de pequeño formato realizadas sin grandes pretensiones artísticas, pero con mucha gracia y expresividad en su intento de mostrar la vida de los soldados en el frente del Guadarrama, reproducimos más adelante tres de ellas para ilustrar esta entrada.

En la tertulia de El Barógrafo el 16 de septiembre de 2008. De izquierda a derecha, Julián Agut, Cristóbal Hidalgo, el autor, José Iturzaeta, Adolfo Ruiz Esteso, Antonio Sánchez y Enrique Manso (fotografía de Pedro Heras)

miércoles, 12 de julio de 2017

RECREACIÓN DE UNA OBRA DE ARTE DE LA NATURALEZA: EL ÁLAMO DE MIRAFLORES DE LA SIERRA

Hace algo más de ocho meses escribí una entrada en esta misma bitácora para explicar el proyecto de reproducción en bronce del «Álamo» de Miraflores de la Sierra, el viejo olmo desaparecido en 1990 a causa de la plaga de la grafiosis, cuyo espectacular y deteriorado tronco constituía todo un símbolo para esta localidad por su significación para la memoria colectiva de sus gentes y por estar estrechamente ligado a la figura del poeta y Premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre. Tras su presentación en la Dirección General de Vivienda y Rehabilitación de la Comunidad de Madrid y el sinfín de trámites administrativos para conseguir su financiación ‒en los que ha sido de gran ayuda la rápida implicación de la subdirectora Pilar Alonso García del Busto y del jefe del Área de Proyectos Ángel Valdivieso‒, al cabo de dos años hemos logrado nuestro objetivo con pleno éxito, aunque la iniciativa ha estado sometida a una fuerte controversia y oposición por las acusaciones de haberse tomado la decisión sin convocar previamente una consulta popular(1).
          Pretender transformar o remover los símbolos, aunque sea con ánimo de perpetuarlos, es algo muy arriesgado porque puede desatar las más ásperas reacciones, lo que ha comprobado personalmente el autor de estas líneas y de semejante temeridad. No es este el lugar para hablar de las pequeñas miserias que tan a menudo caracterizan la política local, pero con el fin de que se valore en toda su dimensión el gran trabajo realizado sí es necesario hacer una breve crónica del proceso de creación de esta obra de arte, en el que han participado muchas personas y en el que uno mismo se ha implicado desde el primer momento en todas y cada una de sus etapas, obligado por la gran responsabilidad asumida como concejal de Medio Ambiente y Urbanismo e impulsor del proyecto. Ello, al final, le ha supuesto una gran satisfacción que compensa con creces la desazón y el malestar causados por las críticas y no pocas injurias‒ vertidas en su contra en las redes sociales.

El deteriorado tronco original del Álamo al inicio de los trabajos para su reproducción en bronce

        
Un sudario de silicona para recuperar un símbolo
Podríamos decir que las operaciones de recuperación del Álamo han sido casi una hazaña comparable a los doce trabajos de Hércules de la mitología griega, el primero de los cuales consistió en matar al león de Nemea y despojarlo de su piel, que es exactamente, como vamos a ver, lo que hubo que hacer para comenzar. El pasado 13 de febrero, tras retirar la cubierta de tela impermeable que los mantuvo protegidos de la intemperie durante casi dos años, los maltrechos restos del tronco fueron puestos de nuevo a cubierto bajo una gran carpa desmontable en la cual poder realizar in situal abrigo de la lluvia y de la nieve, los trabajos previos a su reproducción, que incluso exigieron la instalación de un sistema de calefacción formado por dos grandes estufas de gas para mantener en su interior unas determinadas condiciones de humedad y temperatura. La primera de estas operaciones consistió en hacer un molde del tronco empleando elastómero de silicona y escayola, trabajo minucioso que duró casi tres semanas y que llevaron a cabo María Gimeno y Joaquín Esquer, dos reconocidos escultores de los que ha dependido en gran parte el magnífico resultado final de la obra. Este molde, compuesto por cuarenta y cuatro piezas numeradas, es el que ha permitido reproducir con el más mínimo detalle las formas insólitas del tronco del árbol, labradas por esos dos grandes artistas que son la Naturaleza y el lento transcurrir del tiempo

La escultora María Gimeno aplicando capas de elastómero de silicona en el tronco del Álamo


María Gimeno y Joaquín Esquer aplicando la capa final de escayola que divide las piezas numeradas del molde
El tronco apuntalado y cubierto por capas de silicona y escayola que formaron el molde para su fundición en bronce 

          

          Una vez realizado el molde y retiradas las piezas de silicona y escayola que como un gran sudario blanco cubrían completamente el tronco muerto del Álamo, tomaron el relevo en los trabajos de recuperación Cristóbal Homero, carpintero y ebanista, Rocío Casasús, restauradora especialista en talla y policromía de madera, y Alfonso Barrón, arquitecto técnico, todos integrantes del equipo multidisciplinar de las empresas Water Wood Agua y Madera, y Garbi Madrid Conservación y Restauración, ambas dedicadas a la conservación del patrimonio artístico y monumental. Estos trabajos, que duraron dos semanas y se alargaron hasta el 30 de marzo, consistieron primeramente en hacer una planimetría del volumen del tronco, lo que técnicamente se conoce como siglado, para lo cual hubo que montar una estructura o cimbra auxiliar construida en madera a dos alturas, una a 0,50 y la otra a 1,50 metros de cota sobre el suelo para determinar el perímetro exacto del mismo y poderlo montar en el futuro con total fidelidad. Terminado el siglado, los restos del tronco, que prácticamente se reducen a unos grandes trozos de la corteza y a la albura muerta del árbol, pues gran parte del mismo quedó reducida a polvo por su avanzado estado de de pudrición, fueron desmontados y trasladados a un taller de restauración en Galapagar, donde se les sometió a un tratamiento de choque térmico para eliminar xilófagos y se les aplicó un gel insecticida y fungicida. Las piezas del tronco resultantes de estos trabajos de recuperación fueron reforzadas con un recubrimiento interior de resina acrílica con velo de fibra de vidrio para su conservación y futura musealización, como estipula el convenio firmado con la Dirección General de Vivienda y Rehabilitación que ha financiado los trabajos, tras lo cual han sido depositadas cuidadosamente en dependencias municipales hasta que se pueda habilitar un espacio digno y con suficiente espacio donde ser montadas y expuestas, del que hoy no dispone el Ayuntamiento hasta que se rehabilite la Casa de la Cultura. El 14 de marzo se demolió el bloque de cemento armado con el que se había rellenado el tronco en 2006, últimos restos del antiguo monumento. La plaza del Álamo quedó aquel día triste y extrañamente vacía, sin el gran tótem que constituía uno de los focos de atracción visual más poderosos del paisaje urbano de Miraflores de la Sierra. Sería por poco tiempo.

Alfonso Barrón tomando mediciones telemétricas para hacer el siglado del tronco del Álamo


Cimbra de madera instalada para calcular la volumetría del tronco. Las zonas donde faltaba la corteza aparecen rellenas de arcilla tras los trabajos de obtención del molde  



Detalle del siglado del tronco del Álamo, en el que se aprecia la belleza y espectacularidad de sus formas 







Planimetría del volumen del tronco con el despiece de las partes aprovechables para su futura musealización 
Una vez desmontados, los restos aprovechables del Álamo fueron embalados para su transporte a Galapagar. A la izquierda de la imagen aparece el bloque de cemento armado con el que fue rellenado el gran tronco hueco en 2006
Demolición del esqueleto de cemento del tronco del Álamo. Pronto sería sustituido por el nuevo monumento, cuya existencia deberá ser tan larga o más que la del árbol al que recuerda
La Plaza del Álamo triste y extrañamente vacía, sin el Álamo         

La fundición del nuevo Álamo          
A la vez ya se estaban realizando los trabajos de reproducción del tronco, iniciados a principios de marzo en los talleres de Arte-6, una veterana empresa dedicada a la fundición de escultura en bronce situada en Arganda del Rey. Dirigida por el escultor y fundidor Ángel García Segador, en sus talleres se han fundido esculturas que hoy son referencias indispensables del paisaje urbano de Madrid, como el conjunto de dos grandes cabezas de bronce de Antonio López tituladas El día y la noche (2002), situadas en el exterior de la estación de Atocha, el monumento a los abogados laboralistas de Atocha, en la plaza de Antón Martín, obra de Juan Genovés (2003), y más recientemente La rana de la fortuna de la plaza de Colón, obra de Eladio de Mora (2014).
          Los trabajos de creación de la escultura del Álamo en Arganda del Rey han sido motivo de verdadera admiración para el autor de estas líneas, tanto por la complejidad de la técnica empleada de fundición de bronce en molde de arena como por la maestría de los artistas que los han llevado a cabo, que nunca llegarán a estar suficientemente remunerados por su labor creativa en éste y otros proyectos. Lo primero que hicieron fue reproducir en cera, una a una, las cuarenta y cuatro piezas del molde de silicona obtenidas in situ en Miraflores de la Sierra para formar con ellas el molde definitivo para su fundición. Después, cada pieza de cera reproducida se colocó sobre un lecho de arena de sílice muy fina mezclada con aglomerante y un catalizador químico. Esta arena, fuertemente compactada dentro de un cajón metálico y convertida en un bloque refractario, deja entre sus dos mitades una cavidad con la forma exacta de cada pieza en donde, una vez retirada la cera, se vertió el bronce fundido a través de unos conductos llamados «bebederos». De todas las técnicas que estamos describiendo, ésta es la más espectacular y la que merece ser contemplada al menos una vez por los amantes de la historia del arte, pues se ha utilizado desde hace milenios para perpetuar la memoria de los personajes más célebres de la antigüedad y representar a las deidades de la mitología clásica y de todas religiones. Si la vieja técnica de fundición en bronce se ha empleado para erigir bustos y estatuas ecuestres, si ha servido para reproducir efigies y máscaras mortuorias, como la misma de Vicente Aleixandre que conserva el pintor y escultor Miguel Rius en Vistalegre, la antigua casa del poeta en Miraflores, nada nos ha parecido más apropiado que inmortalizar con ella el simbólico tronco muerto del árbol al que aquel dedicó uno de sus poemas, quizá compuesto bajo su misma sombra.
    
Retirando la cera de una de las dos mitades que forman el molde de una pieza del tronco del Álamo 
Vertiendo la colada de bronce en dos moldes de los que saldrían piezas del Álamo. La penumbra del taller y el resplandor del metal fundido en el crisol dan a la escena un cierto aire pictórico tenebrista 
La colada de bronce fundido relumbrando a través del bebedero en el interior de uno de los moldes del Álamo
Piezas del tronco una vez enfriadas y extraídas de sus moldes de arena. Su tonalidad tras el proceso de fundición es amarillenta y terrosa, salvo en los bordes pulidos para quitarles las rebabas formadas en ranuras y bebederos 

          La penúltima fase de los trabajos fue quizá la más complicada de llevar a cabo. Como si fuera un enorme puzzle, hubo que ensamblar y unir sólidamente con soldadura autógena cuarenta y cuatro pesadas piezas de bronce de formas irregulares y caprichosas, con muy poco margen de error para lograr una reproducción exacta. Esta labor la llevó a cabo Paco González Campeño, un artista soldador con el conocimiento del oficio y la creatividad necesarias para asumir el reto. En esta etapa decisiva del proceso, en la que ya se materializaba el trabajo previo de tantas personas, vimos crecer la escultura del Álamo día a día y semana a semana, dejando ver en su tortuosa corteza metálica los costurones de la soldadura que poco después disimularían la maestría del soldador y los ácidos de la pátina.   

Paco González Campeño soldando las piezas de bronce del Álamo, una de las labores más complicadas y exigentes de todas las que se realizaron en los talleres de Arte-6
Ángel García Segador y Paco González Campeño con Luis López Villamor, escultor y amigo del autor que acudió en ocasiones como asesor artístico a la supervisión de los trabajos     
Una de las piezas del tronco, de más de cien kilos de peso, antes de ser soldada a la escultura en construcción. Se ven en ella las rebabas formadas en las juntas del molde y en los bebederos por los que se vertió el metal en fusión 

          La aplicación de esta pátina fue el trabajo que puso punto y final al largo proceso de creación de la escultura. De él se encargó Saulo de los Santos, otro de los grandes artistas que trabajan en Arte-6, que es el que asume la responsabilidad de dar el acabado final a ésta y a casi todas las obras que se funden allí. La pátina es una capa que se aplica a la superficie del bronce para frenar el proceso de oxidación del metal en contacto con el aire, y que además permite dar la tonalidad deseada a las esculturas fundidas en esta aleación metálica compuesta por un 90% de cobre y un 10% de estaño, zinc y plomo. Esta técnica se empezó a utilizar durante el Renacimiento para dar apariencia de antigüedad clásica a las esculturas ecuestres de los príncipes italianos y equipararlos así a las de los emperadores romanos. Nosotros no hemos aspirado a tanto para nuestro Álamo, pero sí hemos querido recuperar con ella la huella original dejada en su tronco por el transcurso lento de casi cuatro siglos. 
          Según los ácidos empleados, se pueden obtener acabados con todo tipo de coloraciones, brillos y gradación de matices gracias a la gran porosidad de la superficie del bronce, un material que sale de la fundición con un apagado tono amarillento de aspecto terroso. Con buen criterio decidimos dar a nuestro Álamo una pátina de tonalidades muy sobrias, dado el gran tamaño de la escultura y la necesidad de reproducir el aspecto original del tronco. En caso contrario habríamos corrido el riesgo de convertirlo en uno de esos adefesios estéticos que tanto proliferan en las rotondas de las carreteras de acceso a la sierra y en algunas plazas de nuestros pueblos. Hay varias formas de dar las pátinas al bronce, pero Saulo las aplicó en caliente por ser ésta la más rápida y de efectos más duraderos, utilizando un soplete de gas a toda potencia para abrir los poros del metal antes y después de rociar su superficie con soluciones químicas compuestas por agua mezclada con percloruro de hierro y otras sales metálicas.

Las caprichosas formas de la escultura del Álamo después de aplicarles la primera pátina

Saulo de los Santos calentando la superficie del bronce tras aplicar la solución de sales metálicas que darían el sobrio acabado final a la escultura
Tras repetir varias veces la operación de patinado en caliente, Saulo puso punto final a los trabajos de creación de la escultura del Álamo en la tercera semana de mayo de 2017
          
          Los trabajos de recuperación del Álamo de Miraflores de la Sierra finalizaron a comienzos de la tercera semana de mayo de este año 2017, en el que se conmemora el cuarenta aniversario de la concesión del Premio Nobel de Literatura a Vicente Aleixandre, el poeta que lo inmortalizó como símbolo en uno de sus poemas de su libro En un vasto dominio. A primeras horas de la mañana del jueves 1 de junio la escultura fue cargada en un enorme camión góndola y transportada a Miraflores de la Sierra. El paso de semejante carroza procesional cargada con un extraño artificio de bronce de dos toneladas y media debió ser todo un espectáculo para los conductores que tuvieron la suerte de cruzarse con ella por la autovía de Colmenar. No menos espectacular fue su descarga con una grúa en el mismo lugar y con la situación exacta que ocupaba el tronco original, a la que asistieron, admirados, algunos vecinos madrugadores.

El camión cargado con la escultura del Álamo a su llegada a Miraflores de la Sierra

La escultura del Álamo ya colocada en su emplazamiento original. El banco circular de piedra que rodeaba el árbol en vida decidimos separarlo dividido en dos mitades para no ocultar ninguna parte de la obra de arte


Plano de la situación del monumento con el banco dividido en dos partes. Los grandes círculos verdes señalan el perímetro actual de las copas de los cinco árboles plantados posteriormente a la muerte del Álamo en 1990
          
            La recuperación del Álamo forma parte de nuestro decidido empeño para conservar el patrimonio cultural y medioambiental de Miraflores de la Sierra, política a la que queremos dar mayor alcance con la ampliación del catálogo de bienes protegidos recogido en las normas subsidiarias municipales de planeamiento urbanístico, incluyendo en el mismo numerosos edificios con valor cultural o arquitectónico que no se catalogaron en su día, e incluso algunos que fueron descatalogados con fines especulativos, antiguas minas abandonadas, partes del trazado de caminos de gran importancia histórica, casas de peones camineros amenazadas de derribo, viejas cruces conmemorativas de piedra labrada, casillas ganaderas, cercas de huertos y prados, los restos de un ventisquero habilitado en el siglo XVII para abastecer de nieve a Madrid y el importante patrimonio inmaterial constituido por los paisajes más representativos y valorados de nuestro entorno, incluidos los cielos nocturnos. Todo ello hasta que se redacte y se apruebe un plan general de ordenación urbana adaptado a las exigencias ambientales derivadas de nuestra situación en el entorno inmediato del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Hasta el momento el esfuerzo está mereciendo la pena(2).
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1. Hay que destacar también el trabajo de tres personas del personal laboral del Ayuntamiento de Miraflores de la Sierra, cuya implicación en el proyecto ha sido de gran ayuda para sacarlo adelante contra viento y marea: Juan Ignacio Burgos, arquitecto municipal, y Raquel Suárez y Luis Moratilla, administrativos de la Concejalía de Medio Ambiente y Urbanismo.

2. En 2018 la escultura del Álamo de Miraflores fue incluida en la Ruta Turística denominada Los 14 Imprescindibles de la Sierra de Guadarrama, diseñada por la Asociación de Desarrollo Sierra de Guadarrama (ADESGAM) y elegida poco después como Mejor Ruta de España y como segundo Mejor Proyecto de Mejora de España en 2019, dentro del marco del Sistema Integral de Calidad Turística en Destinos (SICTED).