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viernes, 15 de julio de 2016

LAS CARRERAS DE MONTAÑA EN LA SIERRA DE GUADARRAMA

Uno de los más notables fenómenos sociales de los últimos años en el mundo de deporte ha sido la eclosión del running, una variante modernizada y adaptada al mercado actual de lo que no hace tantos años se denominaba footing, o lo que en román paladino se llama simplemente «correr». En muy poco tiempo ha sido abrumadora la proliferación de las clásicas carreras populares que transcurren por las principales avenidas de las más importantes ciudades del mundo, ya sean maratones, medias maratones o millas urbanas, llegándose a concentrar en algunas de ellas cantidades desorbitadas de corredores. También se ha puesto de moda correr en muchedumbre por las laderas del Mont Blanc ‒donde se congregan unos siete mil corredores y más de treinta mil espectadores en el Ultra Trail que se celebra allí todos los años‒, a través del desierto del Sahara, en las selvas de Costa Rica, por la tundra de Alaska, sobre la Gran Muralla china, o incluso echando los bofes cuesta arriba por las escaleras de algunos grandes rascacielos, como el Empire State Building. Y es que cuanto más renombrados, mediáticos, remotos, sorprendentes e inaccesibles sean los escenarios de las carreras más demanda hay para correr en ellas y más beneficios reportan a los organizadores con la venta de dorsales. Por decirlo de otra forma, y ya que hablamos de correr, las empresas relacionadas con el running sí que corren que se las pelan en pos de este apetitoso pastel, y la que no corre vuela en la creación de nuevos y cada vez más sofisticados productos que permitan ampliar su cuota de mercado. Un buen ejemplo de ello es la última moda que han implantado los técnicos en marketing de este deporte: nada menos que correr hacia atrás, lo que en inglés se denomina reverse running. Al imaginar a los corredores de esta modalidad deportiva en pleno esfuerzo, con el cuello girado hacia la espalda y el rostro congestionado por la falta de aire, surge inevitable la pregunta sobre cuál será la próxima genialidad que se sacarán de la manga los que manejan la mercadotecnia del running en su empeño de ganar adeptos para este deporte convertido casi en religión.
          La organización de estas carreras populares suele correr por cuenta de empresas privadas, sociedades y federaciones deportivas, ayuntamientos, franquicias e incluso organizaciones no gubernamentales de carácter solidario, y están patrocinadas casi siempre por conocidas marcas comerciales. A su alrededor se mueve todo un entramado de empresas, unas dedicadas a la fabricación y venta de ropa, calzado y alimentación especializada para runners, y otras a la organización de las competiciones y los viajes asociados a ellas, al entrenamiento físico, al marketing... El negocio mueve en España muchos cientos de millones de euros anuales, cifra que se va incrementando anualmente a medida que crece el número de aficionados.

Elegir los escenarios más renombrados y simbólicos es una de las claves para el éxito en el negocio del running. En la foto, dos corredores en el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama con el fondo del macizo de Peñalara 

jueves, 20 de agosto de 2015

CÁNDIDO MUÑOZ, "EL SEGOVIANO": MEMORIA DE LA CANTERÍA EN LA SIERRA DE GUADARRAMA

Uno de los oficios más importantes entre todos los que se ejercieron tradicionalmente por las gentes de la sierra de Guadarrama fue la cantería, y por ello hace algún tiempo me acerqué a la localidad de Alpedrete, una de las más renombradas antaño por la calidad de su piedra y por la maestría de sus canteros junto a otras cercanas como Cerceda, El Boalo, Moralzarzal, Becerril, Mataelpino, Collado Mediano, Villalba, Torrelodones, Galapagar y Zarzalejo, todas ellas en la vertiente madrileña de la sierra. Es allí donde vive mi amigo el fotógrafo Javier Sánchez, que había preparado una entrevista con uno de los viejos canteros del pueblo: Cándido Muñoz, el Segoviano.
          En Alpedrete hoy sólo funciona una cantera, la de Javier Martín Platas, situada en la Dehesa municipal, junto a la carretera de Villalba al puerto de Navacerrada, y allí nos dirigimos para ambientar nuestra entrevista. Lejos quedan ya los tiempos en los que en esta localidad se extraía piedra de más de cuarenta grandes canteras y de un sinfín de pequeñas explotaciones en las que trabajaban familias enteras de canteros, como los Goriches, los Cojitos, los Paz, los Balandines, los Montalvo, los Mudos, los Guillén, los Fernández, los Elvira, nuestro amigo el Segoviano y otros muchos más. La crisis del sector de la construcción, que tanto respiro ha dado en estos últimos años al maltrecho paisaje de la sierra de Guadarrama, ha acabado también por condenar al cierre a muchas canteras del sector occidental de esta cadena de montañas tan próxima a Madrid.  

Conversando con Cándido el Segoviano y otros amigos, rodeados por el paisaje casi surreal del fondo de la cantera de Javier Martín, en Alpedrete (fotografía de Javier Sánchez)

jueves, 9 de abril de 2015

UN RETO DE CONSERVACIÓN PARA EL FUTURO: EL REGRESO DEL LOBO A LA SIERRA DE GUADARRAMA

A mi amigo el naturalista Carlos de Hita, 
que ha reflejado como nadie los sonidos de 
la naturaleza ibérica en sus archivos sonoros,
y a quien le debo un lobo...


Hoy quiero hablar en esta bitácora de un polémico asunto relativo a la gestión y a la conservación de la sierra de Guadarrama como espacio natural protegido, sin duda uno de los que más pasiones levanta y desencuentros produce entre tres grupos de presión implicados en él ‒llamémoslos así‒, que son ganaderos, cazadores y conservacionistas. Me estoy refiriendo al regreso del lobo a nuestras montañas tras una ausencia que se ha alargado durante más de medio siglo, asunto del que ya traté hace seis años en un artículo publicado en la revista Peñalara y en la web de la Sociedad Castellarnau. 
          Para evitar equívocos y confusiones entre los lectores menos informados, voy a iniciar estas líneas partiendo de la premisa incontrovertible de que el lobo ibérico (Canis lupus signatus) es una especie autóctona de las montañas del Sistema Central, a las que ha regresado de forma completamente natural por la expansión de sus poblaciones del norte de la península, y no por pretendidas reintroducciones artificiales, como sostiene una opinión muy extendida entre el sector ganadero. El lobo es tan consustancial a los ecosistemas, al paisaje, a la cultura y a las tradiciones de la sierra de Guadarrama como lo pueden ser, pongamos por caso, el buitre negro, los pinares de Pinus sylvestris o la vaca avileña. Prueba de ello son las numerosas referencias que existen sobre la pasada abundancia de lobos en la antaño denominada cordillera Carpetovetónica, y sobre la lucha que los pastores de la sierra mantuvieron durante siglos contra la entonces temida fiera que destrozaba sus rebaños.

Enorme ejemplar de lobo cazado en los montes de Valsaín (Segovia) a finales de los años
cuarenta del siglo pasado. El joven que aparece en la fotografía es Pedro Montes, vecino
del pueblo ya fallecido (Crónicas gabarreras)

viernes, 25 de julio de 2014

LA VACA AVILEÑA: UN ICONO DEL GUADARRAMA

Es sabido que sólo se ama lo que se conoce bien, y por ello quiero hablar hoy de algo tan consustancial a la cultura y al paisaje del Guadarrama como lo pueden ser la poesía de Enrique de Mesa o el pino de Valsaín, pongo por caso, aunque al mismo tiempo muy poco valorado entre los modernos usuarios y disfrutadores de la sierra, que son gente urbana con preocupaciones e intereses propios del siglo XXI y no muy conocedora de la España rural. Me estoy refiriendo a la vaca serrana, más conocida hoy con la denominación zootécnica de "avileña-negra ibérica" adoptada en 1980 para nombrar a la raza bovina negra autóctona de las montañas del centro peninsular, una estirpe vacuna que ha recibido históricamente los más variados nombres alusivos a sus distintas áreas de distribución en las sierras de Gredos, Guadarrama y Urbión, como avileña, barqueña, zapardiela, piedrahitense, serrana, carpetana, guadarrameña y pinariega. A la vaca avileña ya le dediqué unas líneas en otra entrada a esta misma bitácora que titulé Los vaqueros del Guadarrama.

La vaca avileña es algo consustancial al paisaje del Guadarrama, como el de estos piornales en
plena floración en las inmediaciones de Hoyoclaveles, con el fondo del macizo de Peñalara

          El ganado de raza avileña desciende directamente del primitivo Bos taurus ibericus a través del mismo tronco ibérico autóctono que dio origen a otras razas vacunas españolas, como la negra andaluza, la berrenda en negro, la morucha, la retinta o la sayaguesa, y evolucionó a lo largo de miles de años en el entorno montañoso de los sistemas Central e Ibérico, al que está perfectamente adaptado. Fue utilizado por el hombre de estas tierras desde la más remota antigüedad: las vacas en las yuntas de labor para las faenas de la labranza y la trilla, y los bueyes por los carreteros como fuerza de tracción en el transporte de mercancías a largas distancias y para el arrastre de los pinos cortados en los extensos pinares de estas sierras. Incluso se llegaron a utilizar yuntas de machos sin castrar especialmente adiestrados para realizar trabajos en los que se requería una gran potencia tractora, como en las repoblaciones forestales llevadas a cabo por la Comisión de Repoblación de la Cuenca del Lozoya entre finales del siglo XIX y la segunda década del XX, en las que enormes toros de raza avileña tiraban de los arados de Brabant para dar una labor de fondo al terreno antes de repoblar de pinos las pedregosas y entonces peladas laderas de los puertos de Canencia y Navafría. Hoy este ganado se cría exclusivamente para la producción de carne, y existe una asociación de criadores de ganado vacuno de raza avileña-negra ibérica, con sede en Ávila, que lleva a cabo programas de mejora genética, organiza ferias ganaderas y establece los criterios de selección de las vacas y los sementales reproductores.

Magnífico ejemplar de vaca avileña, de unos diez años de edad, matriarca de la vacada que
el marqués de Castejón tiene en el monte de "Las Hoyuelas", en el puerto de la Morcuera

lunes, 30 de junio de 2014

SIERRA DE GUADARRAMA: LA MASIFICACIÓN ELEVADA AL CUBO

Entre todos los espacios naturales del país, la sierra de Guadarrama es, sin duda, el que soporta una mayor y más intensa presión turística y recreativa por su cercanía a una aglomeración urbana de seis millones de habitantes, lo que es causa de que decenas de miles de personas afluyan a ella en tropel cada fin de semana. Aunque esta situación no es nueva, pues estas montañas sufren la masificación de una parte importante de su entorno desde hace ya muchas décadas, tras la creación del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama se ha desatado una verdadera pugna por su uso y disfrute masivos entre distintas sociedades deportivas, varias empresas privadas dedicadas a las actividades de tiempo libre que se han creado al amparo de las oportunidades de negocio creadas por la "marca de calidad" de este gran espacio protegido, y algunos grupos de presión ‒vamos a llamarlos así‒ relacionados con el mundo de los deportes de montaña, que parecen rivalizar entre sí por ver quien consigue reunir de golpe, en sus respectivas pruebas y competiciones celebradas en las zonas más valiosas y sensibles de la sierra, a un mayor número de participantes. Esta preocupante tendencia, favorecida cuando no patrocinada directamente por la administración ambiental de la Comunidad de Madrid y no tanto por la de Castilla y León, va camino de convertirse, junto a la urbanización también masiva aunque hoy ralentizada del territorio serrano, en el principal problema para la conservación de este valioso espacio natural.

Concentración de ciclistas de montaña celebrada en el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama en abril de 2014