sábado, 22 de diciembre de 2018

EL VENTISQUERO DE LA MORCUERA: UN EJEMPLO PARA LA CATALOGACIÓN DEL PATRIMONIO DE LA SIERRA DE GUADARRAMA

La conservación del patrimonio histórico y cultural de la Sierra de Guadarrama es una obligación que marca la ley y debería ser una prioridad para los ayuntamientos de sus dos vertientes, pues es mucho lo que se ha perdido a lo largo de cinco décadas por culpa de la especulación del suelo, la dejadez o la simple ignorancia. Afortunadamente, en los últimos tiempos, la creciente conciencia que va calando en la sociedad civil por preservar lo que queda de nuestro patrimonio se ha visto materializada en la creación de asociaciones e iniciativas ciudadanas sostenidas con reducidos medios económicos pero con mucho entusiasmo. Es obligado citar aquí tres de ellas por su gran labor realizada en este aspecto. En primer lugar la veterana Sociedad Castellarnau de Amigos de Valsaín La Granja y su entorno, cuya acción abarca una gran parte del territorio segoviano de la sierra y una de cuyas iniciativas más dignas de ser recordadas fue la del salvar del derribo el viejo edificio histórico del Pajarón, en el Real Sitio de la Granja de San Ildefonso, una acción tan original, divertida y quijotesca que merece la próxima publicación de una entrada en esta bitácora; en segundo lugar la Asociación Madrid Ciudadanía y Patrimonio, cuya impagable labor iniciada en 2009 está resultando fundamental para poner freno a la progresiva e implacable destrucción del patrimonio cultural en el ámbito rural y urbano de la Comunidad de Madrid; y por último, el Observatorio para la Conservación del Patrimonio de la Sierra de Guadarrama, de más reciente creación y con un ámbito de acción que abarca las dos vertientes serranas. Entre otras muchas iniciativas de protección y divulgación de nuestro patrimonio que el Observatorio viene realizando desde hace cuatro años, y a propósito del asunto que nos ocupa en esta entrada, destaca la publicación de una Guía para la elaboración de Inventarios y Catálogos de Bienes Municipales, de enorme interés práctico para las administraciones locales al marcar pautas para el diagnóstico y el uso cuidadoso de estos recursos culturales, lo que abre las puertas a la elaboración de estrategias de desarrollo sostenible de cara al futuro. 
          Lo que no cubre la pasión por la cultura de una parte de la ciudadanía, que es lo que en muchas ocasiones preserva nuestro patrimonio, lo amparan las leyes sobre el papel. La Ley 3/2013, de 18 de junio, de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid obliga a los ayuntamientos a actualizar los catálogos municipales de bienes protegidos con vistas a la recuperación, el conocimiento y la utilización del patrimonio cultural de una forma prudente y sostenible. Y a propósito de ello, hoy quiero traer aquí, en las líneas que siguen, un ejemplo de este patrimonio desconocido que hay que catalogar con urgencia en aplicación de la referida ley: el ventisquero de la Morcuera, en Miraflores de la Sierra.

La Ley de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid obliga a la actualización de los catálogos municipales de bienes protegidos

El ventisquero de la Morcuera          
Por sus características de altitud, orientación y orografía y por su relativa cercanía a Madrid, el puerto de la Morcuera y las montañas que lo dominan fueron, durante casi dos siglos, la zona de donde se recogía la mayor parte de la nieve para el abastecimiento de la villa y corte. Desde principios del siglo XVII y hasta la construcción de la carretera del puerto de Navacerrada a finales del XVIII, que hizo accesible el ventisquero de la Condesa, fueron los ventisqueros del Ratón y del Algodón, muy cercanos el uno del otro aunque situados en distintas vertientes de la Cuerda Larga, los más utilizados por su relativa facilidad de acceso desde el camino del Paular, también conocido entonces como «camino de la Nieve», que comunicaba las alturas del puerto con Chozas de la Sierra (el actual Soto del Real). Desde allí la nieve se bajaba hasta Madrid en carros tirados por cuatro mulas para ser almacenada en los pozos de la calle de Fuencarral, que se pueden localizar fácilmente en el plano de Teixeira de 1656, nada más franquear la puerta de la antigua cerca que rodeaba la ciudad denominada «de los Pozos de la Nieve» por donde entraba el camino directo de la sierra, aproximadamente en el lugar donde hoy se sitúa el edificio del hospicio de San Fernando que alberga el Museo de Historia de Madrid.

Los pozos de la nieve de Madrid aparecen en el Plano de Teixeira de 1656, dentro de la gran superficie de terreno cercada situada a la derecha de la puerta por la que entraba el camino directo de la sierra
          
          En la Sierra de Guadarrama, estos ventisqueros explotados por el hombre durante siglos se acondicionaban con sencillas obras de fábrica de mampostería que facilitaban la acumulación de nieve, un producto cada vez más demandado en la corte madrileña y en los reales sitios desde que en 1608 el catalán Pablo Xarquies consiguiera del rey Felipe III la concesión del monopolio para su aprovechamiento e impulsara la productiva y rentable industria de la nevería que floreció en el Madrid del Siglo de Oro. Como ya hemos apuntado más arriba, estos ventisqueros están situados en laderas orientadas a umbría y al socaire de las cumbres más altas de la sierra, situación ésta la más propicia para la formación de grandes neveros acumulados por los vientos dominantes del norte y noroeste, lo que se favorecía con la construcción en su parte inferior de «balsas de nieve» formadas por un muro de contención levantado con grandes piedras en forma de talud que aumentaba la capacidad del ventisquero.
       El calendario de los trabajos para recoger y transportar la nieve comenzaba en primavera, cuando los jornaleros que desempeñaban este oficio, conocidos como «neveros», subían a los ventisqueros de la sierra para «abrigar» la nieve con una gruesa capa de ramas de piorno y así dejarla protegida del sol y los vientos cálidos hasta principios de verano. A partir de esas fechas había que subir diariamente con recuas de mulos, cargar la nieve en serones de esparto, «empajarla» convenientemente con paja de centeno para aislarla del aire y bajarla durante la noche por el Camino de la Nieve hasta Chozas de la Sierra, desde donde se transportaba en carretas hasta Madrid. Ya en la ciudad, la nieve se «empozaba» en los pozos de la calle de Fuencarral propiedad de Pablo Xarquies, en los que se conservaba durante largo tiempo previamente apisonada y separada en tongadas por capas de paja. Una vez extraída y cortada en bloques de tamaño manejable, los llamados «obligados de la nieve» la distribuían por las numerosas neverías de la ciudad, en las que se vendía por libras y por medias libras. 
          Todavía existen en la Sierra de Guadarrama no pocos lugares en donde se conservan restos de estas antiguas obras de acondicionamiento de los ventisqueros. Los más conocidos bajo este aspecto son los del Ratón y de la Condesa, en la Cuerda Larga, que mantienen sus muros prácticamente intactos, pero también se pueden observar acumulaciones de piedras realizadas por el hombre con este fin en los ventisqueros de la Mujer Muerta, Siete Picos, Peñalara, el Nevero, la Cebollera Vieja, e incluso en el ya más lejano Pico del Lobo, en la vecina sierra de Ayllón. Y aunque prácticamente desconocidos, en las cercanías del puerto de la Morcuera también se conservan restos de uno de estos ventisqueros acondicionados por el hombre para almacenar nieve, del que no he visto referencia alguna en los estudios que se han publicado hasta la fecha sobre el aprovechamiento de la nieve en la Sierra de Guadarrama, y para informar de ello publiqué un artículo en la revista municipal de Miraflores de la Sierra en diciembre de 2007. De la existencia de este lugar escuché, siendo muy joven, el testimonio de un vecino de esta localidad serrana muerto ya hace muchos años, Tomás Soriano, a quien los mayores de cincuenta años recordarán tomando siempre el sol junto a su mujer Mari Cruz sentado en el poyete de la puerta de su casa de la calle Mayor, donde hoy hay una frutería. Recuerdo que en aquella ocasión el bueno de Tomás me contó que su padre, allá por la década de 1870, había trabajado bajando nieve desde la Morcuera hasta Madrid, y me refirió algo que para mi juvenil imaginación de entonces resultó misterioso y apasionante: la existencia en el puerto de lo que él llamó un «pozo de nieve». Estuve buscando durante algunos años los restos de aquel pozo por las alturas del puerto sin resultado alguno, hasta que olvidé el asunto convencido de que la memoria de mi informador le había jugado una mala pasada. Pero en 2007, intentando localizar un lugar desde el que rodar algunas imágenes para la serie documental televisiva Guadarrama: biografía de un paisaje, producida y dirigida por Paco García Novell para Telemadrid sobre un guión adaptado de mi libro Memorias del Guadarrama, nos detuvimos para hacer unas tomas panorámicas del valle de Miraflores desde la vertiente oriental del puerto de la Morcuera. El lugar elegido para montar la cámara, una pequeña pradera situada apenas un centenar de metros por debajo del aparcamiento habilitado junto a la entrada del parque nacional hoy denominada «Puerta de la Cuerda Larga», llamó de inmediato mi atención por su aspecto indudablemente artificial al formar un extraño y despejado raso completamente horizontal en mitad de las fuertes pendientes de la ladera cubierta de piornales que corona el puerto, en lo que nunca antes había reparado pese a haber pasado por allí durante décadas sin detenerme cuando subía al puerto por el camino viejo. Lo cierto es que apenas pude prestar atención al rodaje, porque después de darle vueltas a la enigmática cuestión de cuándo y para qué se había construido esta explanada en un lugar tan apartado y abrupto, caí en que aquello no podía ser otra cosa que el «pozo de nieve» del que me había hablado Tomás hacía casi cuarenta años. Evidentemente no era tal, sino otra clase de construcción destinada a una utilidad muy parecida: un antiguo ventisquero habilitado para su explotación del tipo de los que acabo de referir.

Artículo sobre el ventisquero de la Morcuera publicado por el autor de estas
líneas en la revista municipal de Miraflores de la Sierra «El Punto de Mira»
de diciembre de 2007

          En este lugar, orientado a levante y protegido del sol y los vientos cálidos por la umbría de la Najarra y la elevada loma de la Sierra Retuerta o de la Morcuera, antiguamente se formaba un gran ventisquero que hasta la década de los sesenta del siglo pasado solía conservar algo de nieve hasta principios de junio, aunque, según lo que escuché alguna vez decir a mi padre, durante los años de la posguerra con frecuencia había que volarlo con barrenos a comienzos de verano para abrir el paso del puerto. Esto último lo corrobora el testimonio del que fue presidente de la Segunda República, Manuel Azaña, quien gustaba de subir al puerto de la Morcuera durante sus ratos de ocio, y que refiere en sus memorias cómo, en febrero de 1932, en el ventisquero del puerto la nieve acumulada alcanzaba una altura de ocho metros, algo impensable hoy día si exceptuamos la gran nevada de 1996, en la que llegó a formarse un ventisquero de cuatro metros de altura pero que desapareció completamente antes del verano. Por ello no es extraño que se encuentren precisamente en este lugar los restos de la antigua infraestructura de mampostería del ventisquero, a escasos metros del viejo camino del Paular o «de la Nieve», en cuyos tramos aún visibles que ascienden desde la Parada del Rey podemos apreciar su factura muy antigua con los característicos muros de borde y algunos restos del empedrado original que todavía se conservan.

Peones camineros abriendo con pico y pala el paso a través del ventisquero del puerto de la Morcuera, a mediados de la década de los cincuenta del siglo pasado (Archivo General de la Administración)



Uno de los tramos que se conservan del camino real del Paular o «camino de la nieve», en la vertiente oriental del puerto de la Morcuera, que también serán incluidos en el catálogo de patrimonio de Miraflores de la Sierra


























       
          Tuve la oportunidad de mostrar por primera vez los restos de este ventisquero a los numerosos asistentes a una de las marchas «Allende Sierra» en otoño de 2007, cuando reclamábamos con estas excursiones culturales la creación del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, el tan peleado y discutido espacio natural protegido declarado en junio de 2013, de cuyos límites este lugar queda fuera apenas por unos cientos de metros. De los restos conservados se pueden apreciar fácilmente una parte del viejo muro que lo rodeaba y la explanada construida a su pie, que se apoya en otro muro de contención construido con gruesas piedras toscamente concertadas. Esta explanación sin duda fue abierta en la empinada ladera para estacionar los carros que subían a cargar la nieve y que accedían a ella desde el inmediato camino del Paular, cuyo trazado es difícilmente apreciable en esta zona y desaparece algo más arriba sepultado por los taludes de la carretera y la pista forestal que transcurre paralela. Dada la gran pendiente de los últimos repechos, hay que suponer que coronaría finalmente el puerto por medio de unas cuantas revueltas para bifurcarse allí en tres ramales, uno que subía por el Espaldar de la Najarra hasta los ventisqueros del Ratón y del Algodón, en la Cuerda Larga, un segundo que descendía inmediatamente hacia la izquierda por el valle del arroyo del Aguilón hasta el monasterio de El Paular, al que accedía después de cruzar el río Lozoya por el puente del Perdón, y otro que continuaba directo atravesando las amplias praderas del puerto para llegar a la pequeña aldea de Alameda del Valle. Aunque los restos del ventisquero de la Morcuera no pueden ser datados con total certeza, posiblemente tengan su origen a comienzos del siglo XVII, cuando se construyeron los pozos de la calle de Fuencarral por la creciente demanda de nieve en la corte madrileña de Felipe III. 

La explanada para estacionar los carros situada al pie del ventisquero de la Morcuera
Panorámica del ventisquero de la Morcuera desde el aparcamiento del Parque Nacional. Se aprecian perfectamente parte del muro que lo rodeaba y la explanada situada a su pie. Al fondo, el valle de Miraflores y el embalse del Vellón





































La actualización del Catalogo de patrimonio protegido de Miraflores de la Sierra 
En la actualidad, los restos de estas viejas construcciones para el almacenamiento de nieve, ya sean pozos o ventisqueros, acaparan cada vez más la atención de historiadores, arqueólogos o simples interesados en la conservación del patrimonio histórico. La creciente valoración de estas antiguas infraestructuras experimentó un notable impulso tras el Primer Encuentro Internacional sobre el Comercio y el Uso Artesanal del Hielo celebrado en la localidad francesa Brignoles en 1994, aunque en la Sierra de Guadarrama, una década antes ya se había rehabilitado el magnífico pozo de nieve de Abantos con motivo del cuarto centenario de la construcción del monasterio de El Escorial. Más recientemente, y gracias a la iniciativa de la Sociedad Castellarnau ya mencionada, también se recuperó un gran pozo de nieve enterrado en el centro del casco urbano del Real Sitio de San Ildefonso (Segovia), al que dediqué una entrada en la bitácora Desde la Sierra en enero de 2012. Posiblemente, el mucho menos llamativo ventisquero de la Morcuera no llegue a concentrar tantas miradas y atenciones lo que quizá sea incluso deseable‒, pero sí es merecedor de una restauración de su entorno, en gran parte sepultado por el talud de la carretera y degradado por la erosión causada por la fusión de las nieves y los residuos acumulados por el viento procedentes del cercano aparcamiento. En aplicación de la ya mencionada Ley 3/2013 de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, que establece la obligación de modernizar y poner al día la catalogación municipal de bienes y espacios protegidos, la Concejalía de Medio Ambiente y Urbanismo del Ayuntamiento de Miraflores de la Sierra está llevando a cabo los trabajos de actualización de nuestro incompleto catálogo redactado en 2002, y en ellos se va a incluir, claro está, este importante ventisquero histórico junto a otras muchas muestras no menos valiosas del patrimonio de la localidad existentes en todo el término municipal, y no sólo dentro del casco urbano, ámbito al que se limita el vigente en la actualidad. Uno de los ejemplos más significativos de lo que quedó fuera del catálogo es el de «Vistalegre», la casa del poeta y Premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre, donde pasó los veranos desde 1925 y en la que compuso una parte importante de su obra, pero hay otras faltas y errores que serán subsanados en la actualización gracias en gran parte a la participación de los vecinos.  

Cartel del acto participativo celebrado recientemente en el Ayuntamiento 
de Miraflores de la Sierra con motivo de la actualización 
del Catálogo de patrimonio protegido
          
      Tras décadas de pérdidas irreparables y de cara a un inmediato futuro verdaderamente sostenible, ha llegado la hora de asegurar la conservación del gran patrimonio cultural que todavía conserva la Sierra de Guadarrama en sus aspectos material e inmaterial: arquitectura rural, industrial y urbana, yacimientos arqueológicos, restos del patrimonio hidráulico y minero, caminería histórica, paisajes de relevante o singular significación, cielos nocturnos libres de contaminación lumínica, cultura agrícola y ganadera, tradiciones populares... La declaración del parque nacional en 2013 supone un paso importante para lograr un fin tan ambicioso, pero éste no será nunca alcanzable sin la implicación decidida y resuelta de los ayuntamientos, que tienen la obligación legal de proteger el patrimonio de ámbito municipal a su cargo y competencias para hacerlo. Y ello bajo el apremio y la vigilancia de la sociedad civil agrupada en asociaciones como las tres que hemos mencionado más arriba, destacando también, en el ámbito local que nos ocupa en esta entrada, el importante papel desempeñado por la asociación cultural Ecos de Miraflores, pues es la ciudadanía concienciada y responsable la que realmente garantiza para un deseable futuro la conservación del patrimonio de la Sierra de Guadarrama.  

4 comentarios:

Jose.Manuel Nicolas dijo...

Que rato mas bueno he pasado leyendo y viviendo esto

toño dijo...

Enhorabuena Julio por acercarnos a nuestra sierra con estos relatos que dan importancia a la Sierra de Guadarrama.

toño dijo...

Enhorabuena Julio por tu relato sobre el Ventisquero de la Morcuera, te acerca a la importancia que tuvo la nieve en nuestra sierra, abrazos

Jorge Caneda dijo...

Aprecio mucho que insistas en recordarme lo mucho que quiero a la Morcuera y su entorno. Dada mi discapacidad no he podido conocer muchos de los sitios que describes, he visto algunos desde lra distancia.
Un abrazo Julio