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miércoles, 21 de octubre de 2020

LA TRAVESÍA DEL PUERTO DE SOMOSIERRA CON EL REBAÑO DE SUSO GARZÓN

Recupero aquí esta entrada publicada el viernes 21 de octubre de 2011 (hace
hoy exactamente nueve años) en el blog "Desde la Sierra de Guadarrama", 
eliminado recientemente de la Red. La transcribo con motivo de la 
Fiesta de la Trashumancia de 2020, cuya celebración en las calles
de Madrid ha sido suspendida por la pandemia del Covid-19

En pleno siglo XXI hablar de cañadas y pastores trashumantes o insistir en la necesidad de seguir usando las vías pecuarias para asegurar su conservación a muchos podría parecerles algo así como cantar alabanzas al Paleolítico inferior. Sin embargo, no somos pocos los que pensamos que la trashumancia tiene futuro y que los pastores, hasta que llegue ese incierto mañana, deberían estar protegidos como lo está en algunos lugares el lobo, su ancestral enemigo, al que hoy habría que considerar más bien como un aliado en la lucha por conservar la cultura pastoril. Plenamente conscientes de todo ello, el pasado 15 de octubre un pequeño grupo de amigos acudimos a la localidad segoviana de Cerezo de Arriba en respuesta a la petición de ayuda que nos había hecho pocos días antes nuestro amigo el naturalista Jesús (Suso) Garzón, presidente de la Asociación Concejo de La Mesta y de la Asociación Trashumancia y Naturaleza. Quería que le echáramos una mano durante un par de días en la complicada tarea de atravesar el puerto de Somosierra con el rebaño que está conduciendo hasta Madrid, cerca de un millar de ovejas churras y entrefinas propiedad de Javier y Adolfo Soriano, dos ganaderos de Zarzalejo (Madrid) que han pasado el verano con su ganado en las majadas de la Sierra de Cameros y que partieron de la localidad riojana de Brieva el 29 de septiembre, día de San Miguel.
          Desde entonces han cruzado el puerto de Piqueras, han bajado por la Cañada Real Soriana Occidental, y han atravesado parte de las provincias de Soria y Segovia hasta la confluencia de esta vía pecuaria con la Cañada Real Segoviana. El 30 de octubre, antes de llegar a su destino, cruzarán el centro de Madrid por la calle de Alcalá, junto a otras cuatro mil ovejas procedentes de Extremadura, sesenta vacas tudancas y avileñas traidas desde Cantabria y la Sierra de Gredos, y numerosos pastores leoneses, burgaleses y cántabros, todos venidos por carretera para participar en la XVIII Fiesta de la Trashumancia, que organizan todos los años la Asociación Trashumancia y Naturaleza y el Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino.

Suso Garzón y Paco Cantó en el momento de partir de Cerezo de Arriba, junto al
Land Rover de la Fundación Oxígeno que nos sirve de vehículo de apoyo

          Hablar de conservación en España a lo largo de los últimos cuarenta años es hablar de Suso Garzón. Autor de trabajos pioneros sobre la fauna ibérica, colaborador y amigo de otros naturalistas ya casi míticos, como José Antonio Valverde, Javier Castroviejo y Félix Rodriguez de la Fuente, y merecedor de numerosos premios nacionales e internacionales por su labor en defensa de la Naturaleza, su incipiente fama creció como la espuma cuando en 1974 emprendió en solitario una dura batalla contra el ICONA, la industria papelera y algunos terratenientes y alcaldes de varios municipios cacereños en su intento de salvar Monfragüe. Este espacio natural, por entonces casi desconocido, estaba a punto de desaparecer por completo bajo la acción de las excavadoras que arrasaban sus laderas para repoblarlas con eucaliptos. Arrendando él mismo algunas fincas con dinero que tuvo que buscar hasta debajo de las piedras, y consiguiendo apoyos dentro y fuera de España procedentes del mundo científico y conservacionista, al final pudo detener el desastre y lograr que Monfragüe fuera declarado como parque natural en 1979. De lo visionario y providencial de su campaña de protección da fe el resultado final de la declaración de este espacio natural como parque nacional en marzo de 2007. En 1984 Suso Garzón fue nombrado director general de Medio Ambiente de la Junta de Extremadura, pero su carácter rebelde le hizo presentar su dimisión en 1987, al considerarse maniatado en su intento de cambiar las cosas de una vez por todas en la política ambiental de la región. En 1992 fundó la Asociación Concejo de La Mesta, y en 1997 la Asociación Trashumancia y Naturaleza, ambas con el fin de salvaguardar la rica biodiversidad ibérica mediante la recuperación de la trashumancia tradicional de ganado por estos verdaderos corredores ecológicos que son las cañadas. Desde entonces ha hecho circular por las principales vías pecuarias del país, entre las dehesas extremeñas y la Cordillera Cantábrica, a miles y miles de cabezas de ganado merino, cabras retintas y vacas moruchas y avileñas, además de cientos de caballerías, mastines y pastores. En 2007 organizó en La Granja (Segovia) el que fue sin duda uno de sus proyectos más arriesgados y apasionantes: el Encuentro Mundial de Pastores Nómadas y Trashumantes, para el que trajo a España a más de doscientos pastores nómadas de treinta y ocho países y cincuenta tribus indígenas de América, Asia y África.

En el Encuentro Mundial de Pastores Nómadas y Trashumantes, el 17 de septiembre de
2007. 
De izquierda a derecha, Eduardo Casanova, el autor de estas líneas, Carlos de
Hita y Suso Garzón ante una jaima tuareg (Trashumancia y Naturaleza)
      
          Es fácil comprender que con esta vida tan ajetreada e itinerante a Suso se le presenten a menudo peliagudas complicaciones de tipo logístico, y en esta ocasión no hemos dudado ni siquiera un momento en prestarle toda nuestra ayuda en la travesía del Guadarrama. En el recorrido que está haciendo estos días desde la Sierra de Cameros, para él, para los pastores y para el rebaño se ha terminado ya la relativa tranquilidad de la Cañada Soriana Occidental, y ahora, en su camino por la Real Segoviana se tienen que enfrentar, ya con nuestra humilde colaboración, a otro tipo de dificultades, como son los grandes obstáculos que constituyen la autovía A-1 y el sinfín de vías de servicio, viaductos, puentes y pasos subterráneos que entre todos tenemos que atravesar arreando con mucha prisa un rebaño de un millar de ovejas.
 
Juan García Vicente al poco de partir de Cerezo de Arriba. Al fondo la Sierra
de Guadarrama, que debemos cruzar por el puerto de Somosierra en dirección a Buitrago
Suso Garzón en el tramo de la Cañada Real Segoviana que cruza el encinar de Cerezo
de Abajo, ante el fondo cercano de la Sierra de Ayllón
El rebaño entre nubes de polvo por la Cañada Real Segoviana
Sofía, Alegría y Begoña, las tres pastoras que nos acompañan el primer día de nuestro camino
Uno de los grandes mastines que guardan el rebaño
Las ovejas pastando a la sombra de enormes encinas durante un breve descanso. 
Al fondo las primeras estribaciones de la Sierra de Ayllón
El rebaño atravesando los encinares de Cerezo de Abajo. Al fondo los Montes Carpetanos

          Hemos partido de la localidad de Cerezo de Arriba, hasta donde anoche tuvo que desplazarse el rebaño en busca de agua. Enseguida atravesamos la autovía bajo el primero de los enormes viaductos que vamos a tener que cruzar en nuestro camino hasta Buitrago, y poco después pasamos por la linde del soberbio encinar de Cerezo de Abajo para proseguir, ya atravesando eriales, hasta la Venta Juanilla, en donde se inicia la subida al puerto de Somosierra. Traspasada la antigua Cerca de la Cava, entramos ya en la provincia de Madrid, en cuyos confines occidentales las ovejas pasarán el invierno, concretamente en la localidad de Santa María de la Alameda. Por el camino, Manolo Crespo y José María Boltrán, los dos expertos pastores que trae Suso a cargo del rebaño, nos van contando las peripecias que han pasado durante las dos semanas de viaje transcurridas desde su partida de la Sierra de Cameros. No han tenido problemas con los lobos, porque cada noche rodean el gran redil donde apriscan el ganado con los hilos del pastor eléctrico, pero sí se han visto muy apurados por la falta de agua y de buenos pastos.

Los dos expertos pastores a cargo del rebaño, Manolo Crespo y José María Boltrán,
durante el almuerzo, antes de acometer la subida al puerto
   
          A causa del seco e interminable verano, que se alarga ya hasta principios de noviembre, la hierba no ha rebrotado este otoño, en especial los majadales, que por esta época producen un pasto fino y nutritivo compuesto por una mezcla de leguminosas muy apreciadas por el ganado. A lo largo de toda la cañada apenas se puede aprovechar la «grana», es decir las semillas de las distintas hierbas que quedan en el suelo, y las rastrojeras de cereal. No es raro, pues, que las ovejas vengan muy menguadas de peso y se hayan tenido que sacrificar muchos corderos. Todo ello es, sin duda, consecuencia del calentamiento climático que ya está afectando, y mucho, a la ganadería extensiva en nuestro país. 

Bordeando la Autovía A-1 en dirección al puerto de Somosierra
El rebaño, ajeno al fragor de los camiones que circulan por la autovía, aprovecha en
su camino los resecos pastizales de un otoño de sequía prolongada
Juan García Vicente cubriendo la linde derecha de la cañada. Al fondo la torre
del ruinoso priorato de Santo Tomé del Puerto, cuyos monjes cobraban el portazgo
a todo el que cruzaba este importante paso de la sierra durante la Edad Media
El rebaño reunido a la sombra del gran viaducto que da paso a la autovía A-1 
entre Santo Tomé del Puerto y Somosierra
Las ovejas cruzando el río Duratón bajo el enorme viaducto de hormigón

          Pero, como ya se ha dicho, los dos pastores y el ganadero Javier Soriano se quejan sobre todo de la dificultad de encontrar agua para que abreve el ganado. A pesar de la primavera tan lluviosa que hemos disfrutado este año, muchos de los arroyos, fuentes y manantiales que se utilizan desde siempre al paso por la cañada se han secado a causa del prolongado estiaje de un otoño inusualmente cálido y seco. En su búsqueda de agua, nuestros pastores a menudo se tienen que apartar a no poca distancia de su camino, o pedir permiso para meter las ovejas en algunas fincas privadas que dispongan de abrevaderos. Allá por donde pasan encuentran la solidaridad de las gentes de los pueblos, y más cuando dicen que las ovejas cruzarán Madrid el 30 de octubre para celebrar la Fiesta de la Trashumancia. Tanto es así, que poco antes de llegar a la Venta Juanilla una patrulla de la Guardia Civil nos da el alto a pastores y ovejas para apercibirnos de que no podemos pasar con el ganado por el borde de la autovía, aunque está separado de la calzada por una alta e infranqueable cerca de malla metálica. Pese a nuestras protestas y a las explicaciones que les damos de que la Cañada Real Segoviana transcurre por este lugar desde hace más de ochocientos años y de que muchos tramos han desaparecido bajo las infraestructuras de asfalto y hormigón, nos piden los papeles para formular una denuncia contra nosotros. Cuando les informamos de que el rebaño que conducimos es el que atravesará las calles de Madrid el próximo domingo cambian el gesto adusto por una sonrisa y nos permiten continuar nuestro camino. Tras el breve almuerzo a la sombra de unos escuálidos arbolillos y ya avanzada la tarde, a medida que vamos subiendo por el tramo abandonado de la antigua carretera Madrid-Burgos que cruzaba el puerto de Somosierra antes de la construcción de la autovía, la temperatura se hace más fresca y ya se percibe en el aire cierta humedad y el aroma sutil y fragante de los pastizales de la sierra, que dejamos que el ganado aproveche retrasando el ritmo de nuestra marcha. El sol poniente ilumina con tonos espectaculares el barranco y la cascada de los Litueros, por donde se despeña el joven río Duratón con su caudal muy menguado por el prolongado estiaje. 
          Después de coronar el puerto y comprar algunas provisiones para nosotros y cuatro grandes sacos de pienso para los mastines y los perros carea, nos disponemos a apriscar el rebaño en los corrales de un ganadero de Somosierra, con el que Suso ha acordado este servicio altruista a la causa de la trashumancia. No en vano, este pueblo ha vivido del pastoreo durante siglos y todos sus vecinos miran con simpatía tanto a las ovejas que inundan las calles como a los pastores que las conducen. Gracias a este acuerdo con el ganadero, al final de la agotadora jornada nos ahorramos el trabajo de levantar el redil y colocar el pastor eléctrico que Manolo y José María vienen utilizando desde su partida de la Sierra de Cameros para evitar los ataques de los lobos durante la noche.

Subiendo al puerto de Somosierra por un tramo abandonado de la carretera Madrid-
Burgos. Al fondo el barranco de los Litueros, por donde se despeña el recién nacido río Duratón
Suso Garzón en Somosierra conduciendo las ovejas hacia el aprisco cercano
El autor dedicándole a Suso su libro "Sierra de Guadarrama: Biografía de un Paisaje",
tras guardar el rebaño en el redil del puerto de Somosierra (fotografía de Paco Cantó) 
El rebaño al amanecer antes de salir del aprisco que nos ha prestado de forma
altruista un ganadero de Somosierra
          
          De madrugada la temperatura ha bajado hasta los 4º C, lo normal aquí en esta época del año, pero no hay ninguna señal que anuncie la lluvia. Manolo ha dormido junto al rebaño en el remolque enganchado al Land Rover donde transportamos los avíos. A José María le tocaba ayer su turno de cama, ducha y afeitado, por lo que ha pasado la noche cómodamente en una habitación del hostal del puerto de Somosierra. Suso tuvo que marcharse ayer a última hora para atender a otro rebaño de los varios que trashuman a su cargo por esta época. Le volveremos a ver el 27 de octubre, tres días antes del paso de las ovejas por Madrid, en el Seminario sobre la Trashumancia del siglo XXI que va a celebrarse en el Ministerio de Medio Ambiente, en el que participará como ponente.

Almorzando de buena mañana, antes de partir hacia Buitrago
El rebaño atravesando la localidad de Somosierra en la mañana del 16 de octubre de 2011

          Al amanecer, el rebaño está impaciente por seguir el camino, obedeciendo al instinto de la migración que lleva marcado en los genes. Abrimos el aprisco y la marea de blancos vellones se pone en marcha por las calles de Somosierra entre el ensordecedor bullicio de centenares de esquilas y el balido de mil ovejas. Un anciano se asoma curioso al umbral de su casa y detengo un momento el Land Rover para preguntarle por dónde puedo encontrar el paso que cruza bajo la carretera a la salida del pueblo. Me lo explica y aprovecha para describirme con nostalgia cómo, hace sesenta años, en otoño pasaban cada día por delante de su puerta tres o cuatro grandes rebaños trashumando hacia Extremadura o el Valle de Alcudia, y me dice al final que si se lo permitieran las piernas nos acompañaría de buena gana. Mientras habla, el brillo que se enciende en sus ojos delata al pastor trashumante que fue de joven. No en vano, durante ocho siglos por aquí pasaron dos veces al año, de ida en mayo y de vuelta en octubre, las mayores concentraciones de ganado ovino de toda Castilla y muchos vecinos de Somosierra se dedicaron desde siempre a hacer la trashumancia.   
          Atravesando por enésima vez un tramo de carretera por un paso subterráneo, encontramos la cañada y a los pocos kilómetros llegamos por fin a la dehesa boyal de Robregordo, cuyo paisaje casi virgiliano de grandes acebos y fresnos creciendo entre arroyos y praderas supone un respiro pasajero entre tanto desatino de hormigón, aunque quien suscribe nunca había visto sus pastizales tan agostados en esta época del año. Ovejas y perros pueden por fin beber a placer en el arroyo Madarquillos y en la cacera que atraviesan la dehesa, y nosotros relajarnos, porque hemos superado ya los peores obstáculos en nuestro recorrido por la Cañada Real Segoviana, que a partir de aquí ya transcurre sin tantos sobresaltos casi hasta nuestro destino. Al fondo, entre calimas más propias de agosto, ya se vislumbra la ciudad de Madrid, que atravesaremos entre multitudes el próximo domingo para celebrar la Fiesta de la Trashumancia.

Bajando por las vertientes meridionales del puerto de Somosierra hacia la dehesa
de Robregordo. Al fondo la Sierra Cebollera
La satisfacción se muestra en nuestros rostros por la llegada a la dehesa de Robregordo
Ovejas y mastines pueden por fin beber a placer compartiendo el agua de una cacera
El ganado paciendo ya tranquilo en la dehesa de Robregordo tras el conteo del rebaño
José María y Manolo, nuestros dos pastores, durante el almuerzo en la dehesa de Robregordo

martes, 9 de junio de 2020

ADIÓS A LA TERTULIA DE «EL BARÓGRAFO», MEMORIA VIVA DEL BATALLÓN ALPINO DEL GUADARRAMA

La celebración de tertulias en los cafés es una tradición madrileña ya prácticamente desaparecida, aunque todavía perviven algunas que se resisten a la extinción y siguen reuniéndose a la vieja usanza en conocidos establecimientos del centro histórico de la ciudad. Esta antigua práctica social y cultural de congregarse en veladas vespertinas o noctámbulas para tratar cualquier materia o afición de los contertulios, como el teatro, las artes, la política u otras muchas, se ha transmutado en otro tipo de encuentros adaptados ya a las exigencias de la era digital. Con la progresiva desaparición de los antiguos cafés del centro de Madrid, víctimas de la especulación inmobiliaria, las tertulias han dejado su puesto a recitales de poesía, asambleas para la autogestión de grupos culturales o simples reuniones periódicas entre amigos que han encontrado lugar en nuevos espacios más funcionales, como bares de copas ciberconectados y esas acogedoras librerías de vinos y libros que se han puesto de moda en los últimos tiempos. Esto último, unido a la epidemia del coronavirus desatada recientemente, las condena seguramente a la desaparición definitiva. 
          Hoy vamos a ocuparnos en esta entrada de una de estas antiguas tertulias a punto de desaparecer, sin duda de las más singulares, en la que se reúnen desde los años de la posguerra algunos veteranos excombatientes del Batallón Alpino del Guadarrama, la conocida unidad militar que defendió las posiciones republicanas en las cumbres de la sierra durante la guerra civil. Es la tertulia de El Barógrafo, una simpática reunión abierta hasta hace muy poco tiempo a cualquier persona interesada en este asunto de tanta significación para la actual corriente guadarramista que investiga, estudia y divulga los valores naturales, científicos y socioculturales de estas montañas, reunión sin ínfulas intelectuales de ningún tipo ni otra pretensión que mantener viva la memoria de los hechos históricos que protagonizaron sus integrantes, a la que he asistido en numerosas ocasiones durante años. 
          Esta tertulia o «Club de los martes», como ellos preferían denominarla, tuvo su origen tras un encuentro casual en el Madrid de la posguerra entre tres veteranos del batallón, que propusieron reunirse periódicamente con otros camaradas que también lucharon en la unidad y que al acabar la contienda se habían librado de la cárcel o de la condena a trabajos forzados. Después de varios contactos entre ellos, Adolfo Ruiz Esteso, uno de aquellos excombatientes, envió a todos los que pudieron localizar unas tarjetas ilustradas por él mismo como felicitación navideña en recuerdo de los años compartidos en el frente, pues desde muy joven ha sido un destacado pintor e ilustrador. Con el tiempo fueron sumándose algunos otros según cumplían sus condenas, llegando a asistir en aquellos años más de veinte antiguos soldados y oficiales del famoso batallón republicano de esquiadores, lo que les obligaba a tomar muchas precauciones en las conversaciones que mantenían hablaban de sus recuerdos del frente, de deportes, de excursionismo y de otras muchas cuestiones, pero casi nunca de política para no despertar sospechas entre los numerosos soplones que pululaban por aquel opresivo Madrid de la posguerraLas reuniones se celebraron durante décadas de forma ininterrumpida e itinerante por algunos céntricos cafés madrileños, como el Café Varela de la calle de Preciados, el Yucatán de la glorieta de Bilbao y la famosa Cafetería Dorín de la calle del Príncipe, también lugar de encuentro habitual para actores y productores teatrales vinculados al cercano Teatro de la Comedia, trasladándose finalmente a El Barógrafo, en la misma calle, a mediados de la década de los noventa. De la colección de acuarelas y óleos pintados por Adolfo en aquellos años para servir de felicitación navideña a sus compañeros, obras de pequeño formato realizadas sin grandes pretensiones artísticas, pero con mucha gracia y expresividad en su intento de mostrar la vida de los soldados en el frente del Guadarrama, reproducimos más adelante tres de ellas para ilustrar esta entrada.

En la tertulia de El Barógrafo el 16 de septiembre de 2008. De izquierda a derecha, Julián Agut, Cristóbal Hidalgo, el autor, José Iturzaeta, Adolfo Ruiz Esteso, Antonio Sánchez y Enrique Manso (fotografía de Pedro Heras)

miércoles, 12 de julio de 2017

RECREACIÓN DE UNA OBRA DE ARTE DE LA NATURALEZA: EL ÁLAMO DE MIRAFLORES DE LA SIERRA

Hace algo más de ocho meses escribí una entrada en esta misma bitácora para explicar el proyecto de reproducción en bronce del «Álamo» de Miraflores de la Sierra, el viejo olmo desaparecido en 1990 a causa de la plaga de la grafiosis, cuyo espectacular y deteriorado tronco constituía todo un símbolo para esta localidad por su significación para la memoria colectiva de sus gentes y por estar estrechamente ligado a la figura del poeta y Premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre. Tras su presentación en la Dirección General de Vivienda y Rehabilitación de la Comunidad de Madrid y el sinfín de trámites administrativos para conseguir su financiación ‒en los que ha sido de gran ayuda la rápida implicación de la subdirectora Pilar Alonso García del Busto y del jefe del Área de Proyectos Ángel Valdivieso‒, al cabo de dos años hemos logrado nuestro objetivo con pleno éxito, aunque la iniciativa ha estado sometida a una fuerte controversia y oposición por las acusaciones de haberse tomado la decisión sin convocar previamente una consulta popular(1).
          Pretender transformar o remover los símbolos, aunque sea con ánimo de perpetuarlos, es algo muy arriesgado porque puede desatar las más ásperas reacciones, lo que ha comprobado personalmente el autor de estas líneas y de semejante temeridad. No es este el lugar para hablar de las pequeñas miserias que tan a menudo caracterizan la política local, pero con el fin de que se valore en toda su dimensión el gran trabajo realizado sí es necesario hacer una breve crónica del proceso de creación de esta obra de arte, en el que han participado muchas personas y en el que uno mismo se ha implicado desde el primer momento en todas y cada una de sus etapas, obligado por la gran responsabilidad asumida como concejal de Medio Ambiente y Urbanismo e impulsor del proyecto. Ello, al final, le ha supuesto una gran satisfacción que compensa con creces la desazón y el malestar causados por las críticas y no pocas injurias‒ vertidas en su contra en las redes sociales.

El deteriorado tronco original del Álamo al inicio de los trabajos para su reproducción en bronce

        
Un sudario de silicona para recuperar un símbolo
Podríamos decir que las operaciones de recuperación del Álamo han sido casi una hazaña comparable a los doce trabajos de Hércules de la mitología griega, el primero de los cuales consistió en matar al león de Nemea y despojarlo de su piel, que es exactamente, como vamos a ver, lo que hubo que hacer para comenzar. El pasado 13 de febrero, tras retirar la cubierta de tela impermeable que los mantuvo protegidos de la intemperie durante casi dos años, los maltrechos restos del tronco fueron puestos de nuevo a cubierto bajo una gran carpa desmontable en la cual poder realizar in situal abrigo de la lluvia y de la nieve, los trabajos previos a su reproducción, que incluso exigieron la instalación de un sistema de calefacción formado por dos grandes estufas de gas para mantener en su interior unas determinadas condiciones de humedad y temperatura. La primera de estas operaciones consistió en hacer un molde del tronco empleando elastómero de silicona y escayola, trabajo minucioso que duró casi tres semanas y que llevaron a cabo María Gimeno y Joaquín Esquer, dos reconocidos escultores de los que ha dependido en gran parte el magnífico resultado final de la obra. Este molde, compuesto por cuarenta y cuatro piezas numeradas, es el que ha permitido reproducir con el más mínimo detalle las formas insólitas del tronco del árbol, labradas por esos dos grandes artistas que son la Naturaleza y el lento transcurrir del tiempo

La escultora María Gimeno aplicando capas de elastómero de silicona en el tronco del Álamo


María Gimeno y Joaquín Esquer aplicando la capa final de escayola que divide las piezas numeradas del molde
El tronco apuntalado y cubierto por capas de silicona y escayola que formaron el molde para su fundición en bronce 

          

          Una vez realizado el molde y retiradas las piezas de silicona y escayola que como un gran sudario blanco cubrían completamente el tronco muerto del Álamo, tomaron el relevo en los trabajos de recuperación Cristóbal Homero, carpintero y ebanista, Rocío Casasús, restauradora especialista en talla y policromía de madera, y Alfonso Barrón, arquitecto técnico, todos integrantes del equipo multidisciplinar de las empresas Water Wood Agua y Madera, y Garbi Madrid Conservación y Restauración, ambas dedicadas a la conservación del patrimonio artístico y monumental. Estos trabajos, que duraron dos semanas y se alargaron hasta el 30 de marzo, consistieron primeramente en hacer una planimetría del volumen del tronco, lo que técnicamente se conoce como siglado, para lo cual hubo que montar una estructura o cimbra auxiliar construida en madera a dos alturas, una a 0,50 y la otra a 1,50 metros de cota sobre el suelo para determinar el perímetro exacto del mismo y poderlo montar en el futuro con total fidelidad. Terminado el siglado, los restos del tronco, que prácticamente se reducen a unos grandes trozos de la corteza y a la albura muerta del árbol, pues gran parte del mismo quedó reducida a polvo por su avanzado estado de de pudrición, fueron desmontados y trasladados a un taller de restauración en Galapagar, donde se les sometió a un tratamiento de choque térmico para eliminar xilófagos y se les aplicó un gel insecticida y fungicida. Las piezas del tronco resultantes de estos trabajos de recuperación fueron reforzadas con un recubrimiento interior de resina acrílica con velo de fibra de vidrio para su conservación y futura musealización, como estipula el convenio firmado con la Dirección General de Vivienda y Rehabilitación que ha financiado los trabajos, tras lo cual han sido depositadas cuidadosamente en dependencias municipales hasta que se pueda habilitar un espacio digno y con suficiente espacio donde ser montadas y expuestas, del que hoy no dispone el Ayuntamiento hasta que se rehabilite la Casa de la Cultura. El 14 de marzo se demolió el bloque de cemento armado con el que se había rellenado el tronco en 2006, últimos restos del antiguo monumento. La plaza del Álamo quedó aquel día triste y extrañamente vacía, sin el gran tótem que constituía uno de los focos de atracción visual más poderosos del paisaje urbano de Miraflores de la Sierra. Sería por poco tiempo.

Alfonso Barrón tomando mediciones telemétricas para hacer el siglado del tronco del Álamo


Cimbra de madera instalada para calcular la volumetría del tronco. Las zonas donde faltaba la corteza aparecen rellenas de arcilla tras los trabajos de obtención del molde  



Detalle del siglado del tronco del Álamo, en el que se aprecia la belleza y espectacularidad de sus formas 







Planimetría del volumen del tronco con el despiece de las partes aprovechables para su futura musealización 
Una vez desmontados, los restos aprovechables del Álamo fueron embalados para su transporte a Galapagar. A la izquierda de la imagen aparece el bloque de cemento armado con el que fue rellenado el gran tronco hueco en 2006
Demolición del esqueleto de cemento del tronco del Álamo. Pronto sería sustituido por el nuevo monumento, cuya existencia deberá ser tan larga o más que la del árbol al que recuerda
La Plaza del Álamo triste y extrañamente vacía, sin el Álamo         

La fundición del nuevo Álamo          
A la vez ya se estaban realizando los trabajos de reproducción del tronco, iniciados a principios de marzo en los talleres de Arte-6, una veterana empresa dedicada a la fundición de escultura en bronce situada en Arganda del Rey. Dirigida por el escultor y fundidor Ángel García Segador, en sus talleres se han fundido esculturas que hoy son referencias indispensables del paisaje urbano de Madrid, como el conjunto de dos grandes cabezas de bronce de Antonio López tituladas El día y la noche (2002), situadas en el exterior de la estación de Atocha, el monumento a los abogados laboralistas de Atocha, en la plaza de Antón Martín, obra de Juan Genovés (2003), y más recientemente La rana de la fortuna de la plaza de Colón, obra de Eladio de Mora (2014).
          Los trabajos de creación de la escultura del Álamo en Arganda del Rey han sido motivo de verdadera admiración para el autor de estas líneas, tanto por la complejidad de la técnica empleada de fundición de bronce en molde de arena como por la maestría de los artistas que los han llevado a cabo, que nunca llegarán a estar suficientemente remunerados por su labor creativa en éste y otros proyectos. Lo primero que hicieron fue reproducir en cera, una a una, las cuarenta y cuatro piezas del molde de silicona obtenidas in situ en Miraflores de la Sierra para formar con ellas el molde definitivo para su fundición. Después, cada pieza de cera reproducida se colocó sobre un lecho de arena de sílice muy fina mezclada con aglomerante y un catalizador químico. Esta arena, fuertemente compactada dentro de un cajón metálico y convertida en un bloque refractario, deja entre sus dos mitades una cavidad con la forma exacta de cada pieza en donde, una vez retirada la cera, se vertió el bronce fundido a través de unos conductos llamados «bebederos». De todas las técnicas que estamos describiendo, ésta es la más espectacular y la que merece ser contemplada al menos una vez por los amantes de la historia del arte, pues se ha utilizado desde hace milenios para perpetuar la memoria de los personajes más célebres de la antigüedad y representar a las deidades de la mitología clásica y de todas religiones. Si la vieja técnica de fundición en bronce se ha empleado para erigir bustos y estatuas ecuestres, si ha servido para reproducir efigies y máscaras mortuorias, como la misma de Vicente Aleixandre que conserva el pintor y escultor Miguel Rius en Vistalegre, la antigua casa del poeta en Miraflores, nada nos ha parecido más apropiado que inmortalizar con ella el simbólico tronco muerto del árbol al que aquel dedicó uno de sus poemas, quizá compuesto bajo su misma sombra.
    
Retirando la cera de una de las dos mitades que forman el molde de una pieza del tronco del Álamo 
Vertiendo la colada de bronce en dos moldes de los que saldrían piezas del Álamo. La penumbra del taller y el resplandor del metal fundido en el crisol dan a la escena un cierto aire pictórico tenebrista 
La colada de bronce fundido relumbrando a través del bebedero en el interior de uno de los moldes del Álamo
Piezas del tronco una vez enfriadas y extraídas de sus moldes de arena. Su tonalidad tras el proceso de fundición es amarillenta y terrosa, salvo en los bordes pulidos para quitarles las rebabas formadas en ranuras y bebederos 

          La penúltima fase de los trabajos fue quizá la más complicada de llevar a cabo. Como si fuera un enorme puzzle, hubo que ensamblar y unir sólidamente con soldadura autógena cuarenta y cuatro pesadas piezas de bronce de formas irregulares y caprichosas, con muy poco margen de error para lograr una reproducción exacta. Esta labor la llevó a cabo Paco González Campeño, un artista soldador con el conocimiento del oficio y la creatividad necesarias para asumir el reto. En esta etapa decisiva del proceso, en la que ya se materializaba el trabajo previo de tantas personas, vimos crecer la escultura del Álamo día a día y semana a semana, dejando ver en su tortuosa corteza metálica los costurones de la soldadura que poco después disimularían la maestría del soldador y los ácidos de la pátina.   

Paco González Campeño soldando las piezas de bronce del Álamo, una de las labores más complicadas y exigentes de todas las que se realizaron en los talleres de Arte-6
Ángel García Segador y Paco González Campeño con Luis López Villamor, escultor y amigo del autor que acudió en ocasiones como asesor artístico a la supervisión de los trabajos     
Una de las piezas del tronco, de más de cien kilos de peso, antes de ser soldada a la escultura en construcción. Se ven en ella las rebabas formadas en las juntas del molde y en los bebederos por los que se vertió el metal en fusión 

          La aplicación de esta pátina fue el trabajo que puso punto y final al largo proceso de creación de la escultura. De él se encargó Saulo de los Santos, otro de los grandes artistas que trabajan en Arte-6, que es el que asume la responsabilidad de dar el acabado final a ésta y a casi todas las obras que se funden allí. La pátina es una capa que se aplica a la superficie del bronce para frenar el proceso de oxidación del metal en contacto con el aire, y que además permite dar la tonalidad deseada a las esculturas fundidas en esta aleación metálica compuesta por un 90% de cobre y un 10% de estaño, zinc y plomo. Esta técnica se empezó a utilizar durante el Renacimiento para dar apariencia de antigüedad clásica a las esculturas ecuestres de los príncipes italianos y equipararlos así a las de los emperadores romanos. Nosotros no hemos aspirado a tanto para nuestro Álamo, pero sí hemos querido recuperar con ella la huella original dejada en su tronco por el transcurso lento de casi cuatro siglos. 
          Según los ácidos empleados, se pueden obtener acabados con todo tipo de coloraciones, brillos y gradación de matices gracias a la gran porosidad de la superficie del bronce, un material que sale de la fundición con un apagado tono amarillento de aspecto terroso. Con buen criterio decidimos dar a nuestro Álamo una pátina de tonalidades muy sobrias, dado el gran tamaño de la escultura y la necesidad de reproducir el aspecto original del tronco. En caso contrario habríamos corrido el riesgo de convertirlo en uno de esos adefesios estéticos que tanto proliferan en las rotondas de las carreteras de acceso a la sierra y en algunas plazas de nuestros pueblos. Hay varias formas de dar las pátinas al bronce, pero Saulo las aplicó en caliente por ser ésta la más rápida y de efectos más duraderos, utilizando un soplete de gas a toda potencia para abrir los poros del metal antes y después de rociar su superficie con soluciones químicas compuestas por agua mezclada con percloruro de hierro y otras sales metálicas.

Las caprichosas formas de la escultura del Álamo después de aplicarles la primera pátina

Saulo de los Santos calentando la superficie del bronce tras aplicar la solución de sales metálicas que darían el sobrio acabado final a la escultura
Tras repetir varias veces la operación de patinado en caliente, Saulo puso punto final a los trabajos de creación de la escultura del Álamo en la tercera semana de mayo de 2017
          
          Los trabajos de recuperación del Álamo de Miraflores de la Sierra finalizaron a comienzos de la tercera semana de mayo de este año 2017, en el que se conmemora el cuarenta aniversario de la concesión del Premio Nobel de Literatura a Vicente Aleixandre, el poeta que lo inmortalizó como símbolo en uno de sus poemas de su libro En un vasto dominio. A primeras horas de la mañana del jueves 1 de junio la escultura fue cargada en un enorme camión góndola y transportada a Miraflores de la Sierra. El paso de semejante carroza procesional cargada con un extraño artificio de bronce de dos toneladas y media debió ser todo un espectáculo para los conductores que tuvieron la suerte de cruzarse con ella por la autovía de Colmenar. No menos espectacular fue su descarga con una grúa en el mismo lugar y con la situación exacta que ocupaba el tronco original, a la que asistieron, admirados, algunos vecinos madrugadores.

El camión cargado con la escultura del Álamo a su llegada a Miraflores de la Sierra

La escultura del Álamo ya colocada en su emplazamiento original. El banco circular de piedra que rodeaba el árbol en vida decidimos separarlo dividido en dos mitades para no ocultar ninguna parte de la obra de arte


Plano de la situación del monumento con el banco dividido en dos partes. Los grandes círculos verdes señalan el perímetro actual de las copas de los cinco árboles plantados posteriormente a la muerte del Álamo en 1990
          
            La recuperación del Álamo forma parte de nuestro decidido empeño para conservar el patrimonio cultural y medioambiental de Miraflores de la Sierra, política a la que queremos dar mayor alcance con la ampliación del catálogo de bienes protegidos recogido en las normas subsidiarias municipales de planeamiento urbanístico, incluyendo en el mismo numerosos edificios con valor cultural o arquitectónico que no se catalogaron en su día, e incluso algunos que fueron descatalogados con fines especulativos, antiguas minas abandonadas, partes del trazado de caminos de gran importancia histórica, casas de peones camineros amenazadas de derribo, viejas cruces conmemorativas de piedra labrada, casillas ganaderas, cercas de huertos y prados, los restos de un ventisquero habilitado en el siglo XVII para abastecer de nieve a Madrid y el importante patrimonio inmaterial constituido por los paisajes más representativos y valorados de nuestro entorno, incluidos los cielos nocturnos. Todo ello hasta que se redacte y se apruebe un plan general de ordenación urbana adaptado a las exigencias ambientales derivadas de nuestra situación en el entorno inmediato del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Hasta el momento el esfuerzo está mereciendo la pena(2).
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1. Hay que destacar también el trabajo de tres personas del personal laboral del Ayuntamiento de Miraflores de la Sierra, cuya implicación en el proyecto ha sido de gran ayuda para sacarlo adelante contra viento y marea: Juan Ignacio Burgos, arquitecto municipal, y Raquel Suárez y Luis Moratilla, administrativos de la Concejalía de Medio Ambiente y Urbanismo.

2. En 2018 la escultura del Álamo de Miraflores fue incluida en la Ruta Turística denominada Los 14 Imprescindibles de la Sierra de Guadarrama, diseñada por la Asociación de Desarrollo Sierra de Guadarrama (ADESGAM) y elegida poco después como Mejor Ruta de España y como segundo Mejor Proyecto de Mejora de España en 2019, dentro del marco del Sistema Integral de Calidad Turística en Destinos (SICTED).