lunes, 7 de abril de 2014

EL HUECO DE SAN BLAS EL VIEJO: UN EJEMPLO DE LAS NUEVAS POLÍTICAS DE CONSERVACIÓN DE ESPACIOS NATURALES

La sierra de Guadarrama, tan cercana a una aglomeración urbana de seis millones de habitantes, todavía conserva rincones casi ajenos al mundo en los que el tiempo parece no haber transcurrido desde los ya lejanos años en los que España era un país eminentemente rural. Uno de ellos es el Hueco de San Blas el Viejo, un paraje del que nunca he querido hablar demasiado para no contribuir a darle una excesiva visibilidad que podría convertirlo en un lugar tan ruidoso, masificado y poco agradable como las hermosísimas Dehesas de Cercedilla, donde la presión recreativa descontrolada en especial la procedente del ciclismo de montaña‒ alcanza ya límites difíciles de soportar por un medio natural castigado en extremo. 
          Ahora, ante la mala gestión de que es objeto por parte de la misma administración encargada de su custodia, es decir, de la Consejería de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, y ante las amenazas procedentes de la nueva normativa ambiental a la que queda sometido, me decido a hablar claramente y sin tapujos de este paraje casi virgiliano del Hueco de San Blas, que como los míticos valles de la Arcadia es un lugar digno de haber sido cantado hace dos mil años en las Bucólicas y en las Geórgicas del célebre poeta romano autor de La EneidaPor si ello no fuera razón suficiente para justificar estas líneas, añadiré que este lugar es uno los más sagrados rincones de mi infancia y mi juventud.
          El Hueco de San Blas el Viejo y no Hoya u Hoyo de San Blas, como también se lo denomina erróneamente en muchas guías de senderismo y sitios web‒, es un hermoso y todavía apartado valle encajado entre las cumbres de La Najarra, la loma de los Bailanderos y Asómate de Hoyos, últimas cimas de la Cuerda Larga hacia levante, y las estribaciones más orientales de La Pedriza de Manzanares, denominadas en la nomenclatura clásica de la sierra de Guadarrama como cordal de los Pinganillos. El valle está atravesado por el arroyo Mediano, que tiene sus fuentes en las altas laderas que rodean el antiguo circo glaciar de Navalhondilla u Hoyo Cerrado y desemboca un poco más abajo en el embalse de Santillana, tras recibir las aguas de los arroyos de Matasanos y Mediano Chico. Repobladas de pinos todas sus laderas a mediados del siglo XX, el fondo del valle sigue conservando sus primitivos pastizales, que son actualmente aprovechados por ganado vacuno de raza serrana hoy técnicamente denominada avileña-negra ibérica, aunque antaño siempre pastaron aquí numerosos rebaños de ovejas merinas que trashumaban desde Extremadura o trasterminaban desde Colmenar Viejo, Chozas de la Sierra y algunos pueblos segovianos de arraigada tradición pastoril, como Arcones y Prádena.

El Hueco de San Blas el Viejo cuenta con sobresalientes valores paisajísticos vinculados a
una antiquísima actividad ganadera practicada desde los tiempos de la repoblación segoviana
de los valles "allende sierra"

martes, 18 de marzo de 2014

POLI HERRANZ, EL ÚLTIMO GABARRERO DE SAN RAFAEL

La sierra de Guadarrama es más que naturaleza y hermosos paisajes. De estas montañas secularmente humanizadas, cuyas raíces históricas se van borrando cada vez más en un entorno ya casi periurbano, son también sus gentes. Y nos referimos, por supuesto, no a sus decenas de miles de habitantes, casi todos ellos ciudadanos urbanitas procedentes de Madrid, sino a los pocos supervivientes que quedan de la última generación auténticamente rural que habitó los pueblos serranos, algunos ya convertidos en verdaderas ciudades-dormitorio. Ellos son los depositarios de un legado inapreciable de saberes ancestrales transmitidos de padres a hijos y hoy a punto de perderse, como son las técnicas empleadas en unos oficios practicados en estas tierras desde hace dos mil años, o el conocimiento riguroso de la sierra y de su antigua toponimia. 
          Hace ya unos cuantos meses, en compañía de mi amigo Javier Sánchez, uno de los mejores fotógrafos de Naturaleza que tenemos en España, tuve la oportunidad de entrevistar a uno de estos personajes que sobreviven heroicamente a un mundo que desaparece: Hipólito Herranz, Poli para los amigos, el último gabarrero de San Rafael (Segovia). Poli, un hombre cabal donde los haya, tiene 67 años y lleva ejerciendo el oficio desde que lo aprendió de su padre, también gabarrero. Pero antes que nada habrá que aclarar a los profanos en terminología forestal que la gabarrería era la industria que se encargaba de la corta, la saca y la venta de las leñas de los pinares de la sierra de Guadarrama, una actividad practicada desde tiempos medievales en localidades segovianas como Valsaín, El Espinar y San Rafael y algunas otras de la vertiente madrileña de la sierra. 
          Nuestro amigo nos cuenta cómo, hasta hace cincuenta años, la gabarrería era el oficio más extendido entre los vecinos de San Rafael y su municipio matriz de El Espinar, desde donde bajaban a Madrid cientos de camiones cargados de leña para ser utilizada en fábricas, fundiciones y talleres de todo tipo o vendida al público en las carbonerías como inapreciable combustible para la calefacción en los gélidos inviernos de la posguerra. Otro medio de expedición de las leñas de la localidad era el ferrocarril a través de la estación de El Espinar, de donde partía cargada en vagones hacia más lejanos destinos.

Poli partiendo leña en el monte de Aguas Vertientes. Al fondo, su yegua 
espera pacientemente a ser cargada (fotografía de Javier Sánchez)