viernes, 25 de julio de 2014

LA VACA AVILEÑA: UN ICONO DEL GUADARRAMA

Es sabido que sólo se ama lo que se conoce bien, y por ello quiero hablar hoy de algo tan consustancial a la cultura y al paisaje del Guadarrama como lo pueden ser la poesía de Enrique de Mesa o el pino de Valsaín, pongo por caso, aunque al mismo tiempo muy poco valorado entre los modernos usuarios y disfrutadores de la sierra, que son gente urbana con preocupaciones e intereses propios del siglo XXI y no muy conocedora de la España ruralMe estoy refiriendo a la vaca serrana, más conocida hoy con la denominación zootécnica de "avileña-negra ibérica" adoptada en 1980 para nombrar a la raza bovina negra autóctona de las montañas del centro peninsular, una estirpe vacuna que ha recibido históricamente los más variados nombres alusivos a sus distintas áreas de distribución en las sierras de Gredos, Guadarrama y Urbión, como avileña, barqueña, zapardiela, piedrahitense, serrana, carpetana, guadarrameña y pinariega. A la vaca avileña ya le dediqué unas líneas en otra entrada a esta misma bitácora que titulé Los vaqueros del Guadarrama.

La vaca avileña es algo consustancial al paisaje del Guadarrama, como el de estos piornales en plena floración en las inmediaciones de Hoyoclaveles, con el fondo del macizo de Peñalara

          El ganado de raza avileña desciende directamente del primitivo Bos taurus ibericus a través del mismo tronco ibérico autóctono que dio origen a otras razas vacunas españolas, como la negra andaluza, la berrenda en negro, la morucha o la sayaguesa, y evolucionó a lo largo de miles de años en el entorno montañoso de los sistemas Central e Ibérico, al que está perfectamente adaptado. Fue utilizado por el hombre de estas tierras desde la más remota antigüedad: las vacas en las yuntas de labor para las faenas de la labranza y la trilla, y los bueyes por los carreteros como fuerza de tracción en el transporte de mercancías a largas distancias y para el arrastre de los pinos cortados en los extensos pinares de estas sierras. Incluso se llegaron a utilizar yuntas de machos sin castrar especialmente adiestrados para realizar trabajos en los que se requería una gran potencia tractora, como en las repoblaciones forestales llevadas a cabo por la Comisión de Repoblación de la Cuenca del Lozoya entre finales del siglo XIX y la segunda década del XX, en las que enormes toros de raza avileña tiraban de los arados de Brabant para dar una labor de fondo al terreno antes de repoblar de pinos las pedregosas y entonces peladas laderas de los puertos de Canencia y Navafría. Hoy este ganado se cría exclusivamente para la producción de carne, y existe una asociación de criadores de ganado vacuno de raza avileña-negra ibérica, con sede en Ávila, que lleva a cabo programas de mejora genética, organiza ferias ganaderas y establece los criterios de selección de las vacas y los sementales reproductores.

Magnífico ejemplar de vaca avileña, de unos quince años de edad, matriarca de la vacada que el marqués de Castejón tiene en el monte de "Las Hoyuelas", en el puerto de la Morcuera

          A pesar de esta brillante genealogía, la vaca avileña es, como ya hemos dicho, en general poco apreciada por el prototipo de transeúnte que hoy recorre los caminos del Guadarrama ya sea a pie, corriendo o en bicicleta de montañaque suele ver a este hermoso animal como un estorbo inútil o incluso como una amenaza para sus actividades deportivas y de ocio, desconfianza que se extiende, claro está, a todas las vacas que pastan en la sierra, sean avileñas, limusinas, charolesas o de otras razas. En conversaciones surgidas durante años con estos y otros tipos de usuarios de los senderos del Guadarrama, el autor ha escuchado toda clase de objeciones hacia el ganado vacuno que pasta libremente por estos montes desde hace más de dos mil años. Sólo pondré un ejemplo, ya clásico y muy representativo de esta actitud: para mucha gente más bien remilgada y de pituitaria poco ejercitada en la apreciación del rico patrimonio sensorial que nos brinda la Naturaleza, las vacas están de más en estos montes por la simple razón de que "huelen muy mal".
        Muchos paseantes que recorren los alrededores de los puertos de la sierra durante los fines de semana confunden a estas vacas negras y cornalonas con ganado bravo, y nada más lejos de la realidad pues son animales tranquilos y apacibles que suelen ignorar al excursionista, apartándose siempre de su paso ruidoso y multitudinarioSin embargo, no es menos cierto que en la época de la paridera alguna vaca se puede encampanar de forma amenazadora, o incluso amagar una arrancada si el caminante no avisado comete la imprudencia de interponerse entre ella y su ternero de pocos días encamado entre los piornos.
   
La vaca avileña es un animal apacible y tranquilo, como esta que se muestra indiferente ante el autor al pie de la Loma de Bailanderos, en la Cuerda Larga

          Seguramente el lector ya se habrá percatado al leer estas líneas de mi actitud parcial y un tanto beligerante a la hora de defender el buen nombre de la vaca avileña ante la incomprensión de muchos de los visitantes que frecuentan la sierra cada fin de semana, pero tengo motivos de índole sentimental para ello. Allá por los años setenta del siglo pasado pasé unos cuantos veranos de mi juventud bajando ganado a caballo desde las cimas de la Cuerda Larga hasta Miraflores de la Sierra, donde la cooperativa de ganaderos de esta localidad tenía unos cebaderos en los que se estabulaban los terneros pastencos nacidos en primavera para ser engordados y vendidos como añojos al cabo de cinco o seis meses. Mis maestros en este oficio, para mí frustrado, fueron expertos vaqueros a la antigua usanza, como Ginés Soriano, Francisco Ramírez, Moisés Chozas y Joaquín Martín-Albo, apodado «el Calañés». De aquellos días felices y apasionantes tengo muchos recuerdos grabados en la memoria, pero siempre me viene a la cabeza de forma recurrente una escena primitiva y fascinante: Joaquín el Calañés cruzando al galope los Llanos de la Matanza, al pie del Umbrión de La Najarra, reuniendo el ganado con todo el repertorio de gritos y voces de uso común entre los antiguos vaqueros y haciendo restallar el cordoncillo de su honda como un pistoletazo, a lo cual las vacas obedecían dócilmente pues sabían que el siguiente aviso consistía en una certera pedrada en los lomos.

Novilla de raza avileña de unos tres años de edad en el Hueco de San Blas, cerca de Soto del Real (Madrid)

          La novilla avileña es una criatura ligera y elegante, con una larga y fina cornamenta que impone respeto y una mirada noble y llena de viveza. Al llegar a la madurez su temperamento gana en sosiego, aplomo y seriedad y su cabeza en espectacularidad, curvándose los pitones hacia arriba en forma de gancho y convirtiéndose ya en el animal totémico e intemporal presente en casi todas las mitologías de la antiguedad, desde la diosa Hathor del Egipto faraónico, representada con un disco solar entre sus astas, a la vaca Audhumia de las sagas nórdicas, de cuya ubre manaban cuatro ríos de leche para alimentar a Ymir, el dios protagonista del mito escandinavo de la creación.
          La principal característica de la raza avileña es su color negro azabache uniforme, especialmente intenso en la boca y el morro, en cuyo caso se dice que la vaca es mohínaaunque como resultado de la variabilidad genética puede haber ligeras variaciones en la capa que dan lugar a otras denominaciones, como bociblanca (con la boca y el morro bordeados de pelos blancos, muy definitoria de la raza original y hoy bastante escasa), jarda o berrenda (con manchas irregulares de color blanco por todo el cuerpo) o bragada (con manchas blancas en el vientre y en la ubre). De estas variedades que acabamos de describir las dos últimas tienden a ser eliminadas por selección, según recomendación del libro genealógico de la Asociación de criadores de ganado vacuno selecto de raza avileña-negra ibérica.
          Otras características definidoras de esta raza son su rusticidad y su querencia y aptitud para moverse en largos recorridos por las montañas en busca de pastos, cualidad esta última que demuestra en sus desplazamientos estacionales haciendo la trashumancia entre tierras de Ávila y Extremadura o la trasterminancia desde las dehesas del llano hasta los puertos y las cumbres de la Cordillera Central.

Vacas avileñas en los prados cercanos al pueblo segoviano de Gallegos. Como muestra la fotografía, el ganado en invierno es alimentado con suplementos forrajeros a base de heno de alfalfa

         En el Guadarrama las vacas de raza avileña pasan el invierno en las dehesas pobladas de robles, fresnos y encinas situadas al pie de la sierra, pastando el rebrote del pastizal y recibiendo suplementos forrajeros a base de heno de alfalfa en los meses más fríos. Sin embargo, gracias a esta rusticidad a la que nos acabamos de referir son capaces de sobrevivir a las grandes nevadas apenas con el ramoneo de las puntas de las ramas de algunos árboles y arbustos y de las hojas muertas que quedan sin caer al suelo en el denso ramaje de las matas de rebollo, y esto era lo habitual antaño, cuando sólo se les podía proporcionar el ramón chapodado de fresnos y robles.
          A mediados de la primavera las vacas suben a los puertos por cordeles ganaderos utilizados desde tiempos medievales, y permanecen en las alturas de la sierra en total libertad hasta las primeras nevadas del otoño. Allí son cubiertas entre mayo y junio por sementales de razas vacunas francesas de gran rendimiento en producción de carne, como la charolesa o la limusina, para obtener terneros precoces de gran peso y mucha demanda en los cebaderos industriales de la comarca, reservándose el semental autóctono para la reposición de reproductoras y la renovación de la vacada.

Vacas avileñas de la ganadería de los hermanos López Luna, de Moralzarzal (Madrid), subiendo a sus pastos de verano del monte de La Camorza, en La Pedriza de Manzanares
Toro de raza avileña utilizado como semental en la ganadería del marqués de Castejón
Una vaca avileña de la ganadería de los hermanos López Luna con su ternero, resultado del cruce con semental de raza charolesa. Detrás, el vaquero Matías Cruz reúne el ganado para subirlo a la sierra. La fotografía está tomada en la ladera de Matarrubia, muy cerca de Moralzarzal 

         Hace poco subí con mi amigo Ginés Soriano al puerto de la Morcuera para dar un paseo y rememorar sus tiempos de vaquero y aquellos veranos de mediados de los años setenta en los que le acompañé, junto a Francisco, Moi y Joaquín, bajando el ganado a caballo desde las cimas de la Cuerda Larga hasta los ya desaparecidos corrales de Casa Blanca, en Miraflores de la Sierra. Allí, en lo más alto del puerto, pasta una de las vacadas más hermosas de la sierra, la del marqués de Castejón, renombrado criador de vacas de raza avileña y propietario del monte de Las Hoyuelas, una gran finca dedicada a pastos que fue adquirida por uno de sus antepasados en el mercado de bienes nacionales, en los lejanos tiempos de la desamortización civil. Atravesando un espléndido paisaje de piornales y praderas con el fondo del macizo de Peñalara todavía orlado de grandes neveros, Ginés cruza entre las vacas utilizando su viejo repertorio de voces que me es tan familiar, y que yo mismo empleo desde hace casi cuarenta años para hablar al ganado en mis recorridos por la sierra. Para ambientar adecuadamente este escenario he recurrido a la ayuda de otro viejo amigo, el naturalista Carlos de Hita, a quien tanto debemos por su impagable labor recopilatoria de los sonidos de la naturaleza española. En uno de sus archivos sonoros ha reflejado magistralmente, para esta ocasión, el paisaje sonoro del puerto de la Morcuera, en el que el rumor de las esquilas y el mugido tranquilo y apacible de las vacas avileñas se entremezclan con el canto de las aves del piornal y con el sordo pero creciente fragor del trueno de una tormenta primaveral. 
          Ginés se sienta en las mismas salegas donde le vi antaño mil veces echar la sal al ganado, y varias becerras se arremolinan querenciosas e inquisitivas a su alrededor, reconociendo con su instinto infalible al sabio y experto vaquero ya jubilado pero que sigue llevando el oficio en la sangre. Fotografío la irrepetible y entrañable escena consciente de su valor simbólico para reivindicar en esta entrada la vocación rural que siempre tuvo la sierra de Guadarrama, hoy discriminada por la política ambiental emprendida por la Comunidad de Madrid y muy difuminada por la predominancia abrumadora en su entorno de usos deportivos y recreativos de procedencia urbana.
    
Ginés Soriano sentado en las salegas del puerto de la Morcuera. A sus 84 años y jubilado desde hace tiempo el ganado le reconoce con su infalible instinto, como estas becerras avileñas que se arremolinan querenciosas a su alrededor con sólo oír su voz
Echando sal al ganado en otro salegar próximo a La Morcuera. Las vacas avileñas de la fotografía son "mochas" a causa del descornado artificial a que las ha sometido su propietario para evitar que se hieran entre ellas. Esta práctica está admitida por la normativa de la Asociación de criadores de raza avileña-negra ibérica, pero priva al animal de toda su belleza y dignidad

          Como ha sido puesto de relieve recientemente por WWF España y la Fundación Entretantos en la jornada Ganadería extensiva y sistemas de alto valor natural, celebrada en Villalba de los Alcores (Valladolid) a finales de 2013, en nuestro país no corren buenos tiempos para los aprovechamientos ganaderos en régimen extensivo con razas autóctonas, hasta el punto de verse seriamente comprometido el porvenir de esta actividad milenaria si no se le da un fuerte y decidido impulso para convertirla en verdadero motor económico de futuro. Es por ello que el horizonte de sostenibilidad anunciado a bombo y platillo para la sierra de Guadarrama tras la declaración del parque nacional se quedará en un simple espejismo a no ser que las administraciones den una especial prioridad al mantenimiento de la ganadería extensiva y el pastoralismo, actividades que proporcionan importantes beneficios ambientales, como la conservación de la biodiversidad y de algunos valiosos espacios de importancia natural y cultural asociados a la práctica ganadera, como las cañadas, las dehesas y los prados de siega, la fijación de CO2 o la prevención de los incendios forestales, además de estar profundamente enraizadas en nuestra historia y nuestra cultura. No podemos permitir que la hermosa e insustituible vaca avileña pueda algún día dejar de formar parte del paisaje del Guadarrama y de todas las sierras centrales de la península Ibérica.

24 comentarios:

Carlos de Hita dijo...

Gracias por el enlace al sonido, hermano. Sólo aclarar que, por error, el pie de foto está mal, ya que se trata de Peñalara y no de la Cuerda Larga.
Un cordial mugido.

Pedro Nicolás dijo...

Querido Julio, ilustrativa y preciosa entrada, como por otra parte, nos tienes acostumbrados.
hace un par de años encontré abandonada una esquila o cencerro por los montes de Alameda. La recogí con enorme alegría y aunque parezca infantil, a veces, en medio del bullicio y fárrago urbanos no puedo evitar hacerla sonar. De inmediato me transporta, casi como ningún otro sonido, a la esencia más ancestral de nuestros montes.
Por ello entiendo y comparto tan bien lo que expresas en tu preciosa entrada.
Un abrazo muy cordial.
Pedro Nicolás

Julio Vías dijo...

Carlos, otro fraternal mugido para ti,con la reiteración de mi agradecimiento por tu archivo sonoro. Nos vemos pronto.

Julio Vías dijo...

Pedro, tu comentario tiene especial valor en esta bitácora, pues fuiste tú quien dirigió el estudio sobre los usos deportivos para el primer proyecto del PORN de la Sierra de Guadarrama. Si se aplicaran las conclusiones de aquel importante trabajo, el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama iría mejor encaminado. Gracias y otro abrazo para ti.

Javier Lázaro Cadena dijo...

Qué bonito artículo, Julio. El olor a vaca es de los recuerdos más queridos de mi niñez en La Granja.

Julio Vías dijo...

A mí me pasa lo mismo, Javier, aunque no es una sensación compartida por los jóvenes que no se han criado en el campo. Cuando a veces se me ocurre alabar en público el olor a vaca, la gente me mira como si fuera un marciano, o lo que es peor, como un marciano más bien guarro. Un abrazo y hasta pronto en La Granja...

antonio saenz de miera dijo...

Gracias Julio por este homenaje a las Avileñas. Durante años las tuve pastando en mis prados de Cercedilla y tu reportaje me ha traido su recuerdo, y !como no! su olor maravilloso.
Echo de mens una referencia a las moruchas en el parrafo inicial. El maestro Gonzalez Bernaldez hablaba siempre de su caracter pacifico solo alterado por los maleducados paseanntes que las turbaban y las volvían ariscas. Gracias una vez más por tu yaimprescindible bitacora.

Julio Vías dijo...

Antonio, gracias a ti por tu autorizado comentario, como antiguo criador de vacas avileñas y porque también has escrito sobre ellas en tu libro "A favor del Guadarrama". Me hubiera gustado referirme también a la labor del desaparecido maestro González Bernáldez, pero había tanto que decir que no ha habido sitio. De todas formas, lo hice en otra entrada en la que hablaba de la amenazada dehesa de Moralzarzal. Algún día tendré que dedicar un artículo completo a su vida y a su obra, tan fundamental para la defensa de la Naturaleza en general y del Guadarrama en particular, como desconocida para tanta gente fuera del mundo del medio ambiente. Un abrazo

Cosme Morillo dijo...

Precioso artículo Julio. Guadarrama sin avileñas no sería lo mismo; verlas siempre me produce una sensación de tranquilidad, de que todo va bien. Aunque ahora el "uso público(?)" está empezando a torcer las cosas.
Gracias por tu labor y un abrazo

Jorge Soto dijo...

Hola Julio:
No cabe duda que la ganadería u otras actividades tradicionales son importantes para mantener ecosistemas "artificiales" de los que dependen la producción de alimentos, puestos de trabajo,ect, pero pienso que si estamos hablando de un Parque Nacional, cuyo principal objetivo es la conservación de la naturaleza, la máxima prioridad debe ser esa, conservar la naturaleza, por ello, no entiendo tu afirmación de que "la máxima prioridad será el mantenimiento de la ganadería extensiva y el pastoralismo".
Opino que el aporte de la ganadería a la conservación de hábitats naturales resulta contraproducente, ya que aunque un nivel moderado de explotación puede ser compatible con la conservación, en ningún caso contribuye a ella.
Creo que si segun tu opinion, esta debe ser la máxima prioridad, quizás deberíamos cambiar la figura de protección, y en vez de Parque Nacional declararlo "Pastizal Nacional", Parque Regional Ganadero"...etc.
No cabe duda que la ganadería es importante y beneficiosa para muchas cosas, creo que eso nadie lo discute, pero en mi opinión, creo que te equivocas cuando te refieres a ella como actividad que proporciona "importantes beneficios ambientales, como la conservación de la biodiversidad". Varios organismos internacionales UICN, FAO consideran a la ganadería como uno de los máximos factores de amenaza para la conservación de la biodiversidad.
Es curioso como a pesar de esto, en España en los últimos años se esta generalizando la idea de que ciertas actividades humanas solo por el hecho de ser catalogadas como "tradicionales" ya son consideradas como compatibles, sostenibles, e incluso beneficiosas para la conservación, cuando existe abundante literatura científica que habla en sentido contrario.
Para acabar reiterarte que la ganadería si es muy importante para muchas cosas, pero creo que no debe ser menos importante el restringir ese tipo de usos en las áreas designadas como espacios protegidos, uno de cuyos principales objetivos es la conservación de los hábitats naturales.
Un saludo !!

Julio Vías dijo...

Cosme, menudo nivel de calidad y prestigio que tenéis los autores de los comentarios a esta entrada sobre la vaca avileña. Es todo un honor para mí acoger en mi bitácora vuestras observaciones.
En este caso, pocos tan autorizados como tú para destacar la importancia de la ganadería extensiva, el pastoralismo y la trashumancia en la conservación de nuestros ecosistemas y nuestros paisajes. Tu experiencia en el CSIC y en el Ministerio de Medio Ambiente te convierte en una de las más acreditadas cabezas pensantes a la hora de defender este tipo de aprovechamientos tradicionales, cuyo decisivo papel ambiental no siempre es bien comprendido. Otro abrazo para ti.

Julio Vías dijo...

Respuesta a Jorge Soto:
Jorge, destacar la importancia de la ganadería extensiva para la conservación de muchos ecosistemas y paisajes españoles es una labor bastante larga, así que voy a intentar sintetizar mis argumentos al máximo.
La gran mayoría de los espacios naturales españoles son producto de unos usos tradicionales practicados por el hombre durante siglos. El caso de la sierra de Guadarrama es especialmente representativo, pues la ganadería y los aprovechamientos forestales han configurado sus paisajes a lo largo de los siglos. Si queremos conservar la sierra tal como la hemos conocido y la conocieron nuestros abuelos debemos mantener estos usos. La sierra de Guadarrama es mucho más que un parque nacional, por lo que el argumento que utilizas al referirte que "la conservación de la naturaleza" debe ser la prioridad en el espacio protegido no se entiende bien. ¿Qué es la naturaleza?
La sierra de Guadarrama no puede ser un espacio virginal, como lo fue antes de la llegada del hombre hace cientos de miles de años. En conservación las cosas no son blancas o negras, y a veces los matices son lo más importante. La UICN y la FAO pueden considerar a la ganadería extensiva como uno de los factores de amenaza para la conservación de la biodiversidad, y es cierto, pero no en el caso de España. Lo es en el caso de Brasil, por ejemplo, en donde la selva virgen se tala a pasos agigantados para dar espacio a millones de hectáreas de pastizales que aprovechan ingentes cantidades de cabezas de ganado.
Todo es relativo en conservación, y nada es absoluto en las miles de maneras de funcionamiento de la Naturaleza, pero lo que es indiscutible (y tienes en mi entrada un enlace a WWF España como argumento) que la ganadería extensiva y el pastoralismo bien regulados y practicados en parajes sometidos a controles de de carga ganadera son beneficiosos y necesarios para la conservación de muchos espacios naturales en España. En argumentos de tipo cultural e histórico ni entro...
Un saludo y mil gracias por tu comentario

Jorge Soto dijo...

Julio, después de leer tu respuesta creo que es importante que consideres la diferencia que existe entre ecosistemas artificiales (paisajes culturales, manejados, modelados por la intervención humana),en los que la ganadería estoy de acuerdo en que es importante, y ecosistemas naturales. Es cierto que si "lo que se pretende es conservar la tierra tal como la han conocido nuestros abuelos" es necesario mantener usos tradicionales, pero aquí habría que preguntarse: Realmente que pretendemos conservar,¿ecosistemas naturales? o ¿un determinado paisaje fruto de la intervención humana?.
Personalmente creo que uno de los objetivos fundamentales en el manejo de ecosistemas debe ser el mantener e incluso intentar restaurar su estructura y funciones NATURALES, máxime cuando estamos hablando de un Parque Nacional. Otra cosa es que como bien dices, no tengamos la intención de conservar ecosistemas naturales sino "artificiales", entonces estoy de acuerdo contigo ya que la ganadería es una gran moldeadora del paisaje.
Creo que tu opinión de conservar la sierra "tal como la conocieron nuestros abuelos" es bastante subjetiva. Sí, subjetividad porque los abuelos de unos y otros habrán modificado más o menos el paisaje; los abuelos ganaderos lo modificarían de una forma, los madereros de otra. Incluso otros abuelos, ya en entorno urbano, perdieron el contacto con -e incluso el interés por- el paisaje.
Pues eso Julio, que es importante que tengamos claro respuestas a preguntas como: ¿Que pretendemos conservar en un Parque Nacional?
Creo que con esto te he intentado responder a tu pregunta ¿Que es la Naturaleza? que en definitiva es mucho mas que un tipo determinado de paisaje cultural (el cual puede gustar mucho a unos, pero a otros no).
Bueno Julio, muchísimas gracias por responderme y por mi parte esto seria todo.
Un fuerte abrazo.

Ángel Soriano dijo...

Entrañable artículo Julio. Muchas gracias por tu trabajo. Será, además, un bonito recuerdo de mi querido padre. Un abrazo

Julio Vías dijo...

Querido Ángel, Ginés, tu padre, es una de las personas con más dignidad que he conocido, por su sabiduría y su amor a la Naturaleza. Con él pasé en mi juventud algunos de los momentos mejores de mi vida desplazando el ganado a caballo por las zonas más hermosas de toda la sierra. Espero verle durante muchos años todavía dando sus grandes paseos hasta el pinar de Aguirre, y acompañarle cuando pueda.
Gracias a ti, y un abrazo

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Un artículo imprescindible.
El olor de las vacas con el de pinos y piornos, componen la fragancia más esencial de Guadarrama.
Saludos.

Julio Vías dijo...

Muchas gracias Javier. A tu repertorio de fragancias esenciales del Guadarrama yo añadiría el aroma de las jaras, en especial tras la lluvias de verano.
Un saludo cordial

TILENUS1 dijo...

Hola Julio. Tras un primer intento fallido escribo de nuevo este comentario para darte las gracias por esta última entrada de tu bitácora. Pocos animales más representativos de la economía tradicional serrana que las vacas avileñas, desgraciadamente cada vez más sustituidas por urbanizaciones e infraestructuras masificadas de todo tipo. Leyendo el texto me he imaginado por un momento en mitad de la sierra, con la brisa, los cencerros y mugidos y la fragancia ya no solo de las vacas, sino también de las plantas que tapizan valles y laderas. Un amistoso mugido y hasta la próxima entrada.

Raúl Moreno Fernández. Geógrafo, naturalista e historiador.

La Luz del Monte dijo...

Lo que está ocurriendo en nuestro país con las razas vacunas autóctonas en los últimos treinta años, no hay antecedentes. Se están cruzando las vacas autóctonas con ejemplares charolais y limusines, procedentes de Francia, extinguiendo una cabaña ganadera igual de autóctona como son los demás animales que con viven en sus mismos hábitats desde tiempo inmemorial... Posiblemente la casta avileña sea la última en desaparecer, pero ya va a la baja... A esto hay que añadirle la calidad de las carnes que consumimos, la cantidad de vacunas que hay que poner a ejemplares de que no son del terreno y no han evolucionado con él, y más temas... Se está reconvirtiendo una cabaña ganadera importante, por otra que viene de fuera y que sólo está dando problemas, y se está consintiendo... Que pensarían fuera de España, si mañana llegara un bodeguero y compara vega sicilia para sembrar vino de 1 euro... Pues esto es lo que se está haciendo con nuestra ganadería.
Julio, enhorabuena por el artículo y las fotografía. Un saludo

PΩLITÍCOLA dijo...

excelente y evocador artículo. Como habitante de uno de los pueblos de la sierra segoviana, Collado Hermoso, coincido punto por punto en la importancia de la ganadería extensiva para la conservación del monte. Hoy se cobra a los ganaderos en lugar de permitirles usar la sierra como la usaban sus abuelos

Brehm dijo...

Una entrada muy interesante. Soy otro amante del Guadarraa y el sonido y la visión de las vacas serranas siempre me da esa sensación de estar "en casa".

Pero igual de interesante es el debate con Jorge Soto. Es cierto que últimamente hay cierta IDEALIZACIÓN de la ganadería extensiva como "aliada de los hábitats naturales". Hemos de admitir que eso no es cierto. Defendamos la ganadería extensiva en sus justos términos, pero reconozcamos que por ejemplo tantas y tantas laderas peladas de nuestra sierra y de muchas otras de este país deberían estar cubiertas de bosques y sin embargo llevan 200 años peladas por culpa de... la ganadería extensiva. Y que la abndancia de corzos y la ausencia de ciervos depende también de la sobreexplotación ganadera que acaba con pasto y ramón. Es muy triste ver determinadas vertientes y saber que lo que allí debería haber son encinas en la base, robles más arriba y en lo alto pinos, todos con su correspondiente sotobosque (el gran aliado de la biodiversidad)... y sin embargo no hay más que hierba rala, rocas y con suerte jaras o piornos. Todo para dar pasto a la ganadería extensiva.

Y si queremos recuperar la sierra de antaño debemos hacer sitio al mejor aliado del ecosistema: al predador ibérico por excelencia, EL LOBO. ¿Cuál es el único porblema para que el lobo, pieza clave de nuestra naturaleza vuelva a vivir en la sierra en número imporante (no una pequeña familia acosada)? La ganadería extensiva.

Mi pregunta Julio, sabiéndote sabio en este tema, es: ¿qué se podría hacer para hacer compatible la ganadería con la naturaleza salvaje (no la domesticada y de postal, sin depredadores)? Concretamente, como puede vivir el lobo en la sierra junto a un sistema ganadero digamos "raro": el ganadero no cuida del ganado durante gran parte del año, lo deja suelto en la sierra a merced de todos los peligros, pero luego se indigna si uno de esos peligros naturales (el lobo) le come dos terneros. ¿Qué se podría hacer? Si queremos "recuperar la sierra de nuestros abuelos" ¿no deberían entonces los ganaderos recuperar la tradición de trabajar más de ello y subir al monte a cuidar de su ganado, en lugar de esperar en casa a que el ganado produzca dinero por si solo? Porque eso solo funciona si antes hemos exterminado con saña a los habitantes naturales de la sierra, a los lobos. Y la sociedad española ya no consiente más eso, quiere que vuelva la fauna que un día se exterminó con venenos, lazos y disparos

O si no, en serio, ¿cuál otro sistema podríamos desarrollar para que ganado y lobo puedan convivir en el monte? Si se proporcionasen apriscos gratuitos, cercados temporales, etc... ¿alguien metería en ellos a las vacas de noche y las soltaría por el día? ¿Qué solución puede haber?

Un saludo!

Julio Vías dijo...

Amigo Brehm, me pones en un brete a la hora de responder a tu comentario. Lo haré brevemente por no extenderme demasiado, cosa difícil en este sitio.
Es cierto que la ganadería extensiva en el pasado convirtió en eriales muchos montes de la península Ibérica, pero la realidad actual es muy distinta. En España la superficie forestal no para de crecer, pese a la ganadería extensiva y los incendios forestales. Vuelvo a insistir en el hecho de que este tipo de ganadería es beneficiosa para la conservación de los ecosistemas, el paisaje y la biodiversidad, por supuesto siempre que se tenga en cuenta la capacidad de carga de cada zona pastable.
En cuanto al lobo, soy tan defensor de su regreso a los montes españoles como lo eres tú, aunque tengo que reconocer que la convivencia de este gran depredador con la ganadería extensiva es muy difícil, y en la sierra de Guadarrama esta regla no va a ser una excepción a no ser que una parte de los importantes rendimientos económicos potenciales que su presencia puede producir en el sector del turismo rural reviertan hacia los ganaderos en forma de compensación por los beneficios ambientales que produce su actividad, que, vuelvo a insistir, son muy tangibles y perfectamente mensurables según acreditados estudios.
Gracias por tu autorizado comentario, y un saludo cordial.

Brehm dijo...

Muchísimas gracias por tu respuesta Julio,

Coincidio contigo en que una vía puede ser dar alguna compensación económica a los ganaderos por adaptarse (re-adaptarse, pues es volver a la situación normal) a la convivencia con el lobo. Pero qué cantidad sería justa y suficiente!

Coincido también en que la ganadería es imprescindibe para conservar los ecosistemas ACTUALES. Pero eso, dicho de otra manera es decir que la ganadería conserva un ecosistema creado por la ganadería. Que no es lo mismo que el ecosistema original o el potencial. Dicho de otro modo: el mismo trabajo de creación de paisaje lo pueden realizar los ungulados silvestres sin problema, re-creando y conservando un ecosistema más natural y sostenible.

Para mi la ganadería tiene sentido por supuesto, pero (aparte de por atractivo personal y sentimental q tiene para mi) simplemente como forma de sacarle cierto rendimiento económico al monte. Y porque nuestra sociedad demanda carne! Aunque ahí tambien alguien nos puede decir que en el fondo la ganadería extensiva de montaña no es una actividad económica tan eficaz, que sin las subvenciones europeas y nacionales no habría ni una vaca en la sierra, etc... Pero bueno, de un modo u otro, para mucha gente es aún una fuente de ingresos y no tienen otra alternativa mejor. Para mi esa es la única razón de peso. La ecológica...uff, la propia fauna silvestre, si se la deja, haría un mejor trabajo, gratuito y con menos conflictos.

Un término medio para mi sería esa compensación que mencionas, pero reduciendo previamente algo la carga total de ganado en la sierra, previo pago claro (jubilaciones, compra de ganaderías...). Reduciendo así conflictos, dejando más sitio y recursos para la fauna autóctona y permitiendo un plan de reforestación y mejora de cara a un auténtico resilvestramiento de la sierra en el futuro lejano, que además daría más dinero en forma de turismo que el dinero real (sin subvenciones) que da la ganadería de montaña hoy día.

Perdón por la chapa y muchas gracias por la conversación!

Julio Vías dijo...

Amigo Brehm, no me das ninguna chapa, como dices; todo lo contrario: gracias a ti por tu colaboración en el interesante debate que se ha creado alrededor de esta entrada sobre la vaca avileña.
Sólo quiero insistir otra vez sobre la importancia de la ganadería extensiva en la conservación de nuestros paisajes y nuestra biodiversidad. Como ejemplo, las dehesas de encinas y fresnos son el resultado ecológico y paisajístico de esta actividad milenaria. El desaparecido Fernando González Bernáldez, uno de los pioneros de la Ecología en España (me refiero a la ciencia, no al movimiento político) escribió mucho sobre ello.
La misma evolución del lobo en la península Ibérica durante milenios, su milagrosa conservación y posterior expansión por muchas montañas y estepas cerealistas ibéricas no se pueden entender sin el papel desempeñado por la ganadería extensiva y la trashumancia. Lo mismo se puede decir de la presencia en nuestras montañas de muchas especies de aves rapaces necrófagas, como el buitre negro, el quebrantahuesos, el alimoche y otras, que evolucionaron durante milenios condicionadas por la existencia de miles de vacas, ovejas y cabras en los campos y sierras ibéricas.
En definitiva, sin la ganadería extensiva no es posible entender el funcionamiento de una gran parte de nuestros ecosistemas.