lunes, 23 de abril de 2018

DUDAS SOBRE UN PROYECTO QUE AFECTA AL PARQUE NACIONAL DE LA SIERRA DE GUADARRAMA: LA RECUPERACIÓN DEL PASEO DE LA FUENTE DEL CURA

El asunto que hoy traigo a debate en esta entrada, el denominado oficialmente «Proyecto de recuperación del paseo de la Fuente del Cura», en Miraflores de la Sierra, quizá podría acarrearme la acusación de caer en un exceso de localismo impropio de esta bitácora, pero nada más fuera de la realidad, pues en ella quiero hacer visible la situación de inseguridad ambiental bajo la que se encuentran en este momento algunos importantes valores naturales y patrimoniales de esta localidad serrana que trascienden más allá del ámbito local, y su posible influencia negativa sobre la misma imagen del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, como verá quien tenga la paciencia de leer hasta el final estas líneas.  
          Esta actuación, de enorme importancia para el municipio, va a ser iniciada próximamente por el Programa de Inversión Regional (antes PRISMA) de la Comunidad de Madrid en el antiguo camino de la Fuente del Cura, un concurrido lugar de tránsito para miles de excursionistas, ciclistas y corredores de montaña madrileños en su acceso al parque nacional y recorrido habitual en el paseo cotidiano de los vecinos de la localidad, y que tal como está concebida introducirá elementos de estética urbana inapropiados en un paisaje natural sobresaliente. Pero la importancia de esta vía va más allá de su uso recreativo, pues es un camino histórico de mucha trascendencia para la memoria colectiva de la Sierra de Guadarrama. Denominado antaño como «camino de la sierra» hasta que fue inaugurada en 1932 la carretera de Rascafría, sirvió de vía de paso al valle de Lozoya por el puerto de la Morcuera para los pastores, carboneros y carreteros de esta villa y otras cercanas, uniéndose a la altura de los Llanos de la Matanza con el Camino Real del Paular procedente de Madrid, por donde los reyes de España hacían sus jornadas desde la corte hasta la cartuja fundada en el valle de Lozoya en 1390. 
          Por este camino transitaron durante siglos los vecinos de Miraflores en sus recorridos diarios de ida y vuelta a las numerosas huertas que lo jalonaban, en las que se cultivaban manzanas, fresones, judías, tomates y otros productos hortícolas que dieron fama a esta localidad hasta bien entrado el siglo XX, y por donde regresaban las carretas de bueyes cargadas de leña a su vuelta de las suertes del robledal de la Raya. Ya son pocos los que recuerdan todo aquello, pero esta humilde función del camino constituye un importante acervo cultural para la memoria colectiva de esta antigua y hermosa villa de la Sierra de Guadarrama. 
          Para argumentar las líneas que siguen a continuación, además de la información objetiva y rigurosa sobre aspectos históricos, culturales y urbanísticos se traen a esta bitácora personal algunas fotografías del archivo familiar del autor, que acompañan a sus opiniones como responsable de la concejalía de Medio Ambiente y Urbanismo del Ayuntamiento de Miraflores de la Sierra. 
          
El camino de la Fuente del Cura rodeado por su paisaje original de huertos y prados (fotografía tomada por Julio Vías Macías, padre del autor, durante las vacaciones de Semana Santa de 1942)
Detalle de la foto anterior en donde se aprecian mejor el molino Viejo, el puente medieval, el prado y las casillas de Genaro González, la vaquería de Valentín Herrero y los bancales de las huertas del entorno. Al fondo, el «camino de la sierra» serpentea en su subida hacia el puerto de la Morcuera (fotografía tomada por Julio Vías Macías en 1942)
Antigua tarjeta postal de Miraflores de la Sierra en la que aparece Julio Vías Sáenz-Díez, abuelo del autor (de pie entre dos amigos vecinos del pueblo), sobre el puente del molino Viejo, en la Fuente del Cura, hacia 1910


                                                                                                                    
El camino de la Fuente del Cura y el descubrimiento del Guadarrama 
Camino, paraje y fuente deben su denominación al capellán Juan González Borizo (1567-1631), uno de los más ricos propietarios de esta villa en la primera mitad del siglo XVII, precisamente en aquellos tiempos en los que cambió su antiguo nombre de Porquerizas por el actual de Miraflores, a caballo de los reinados de Felipe III y Felipe IV. A su muerte destinó su cuantiosa hacienda a obras de caridad, y entre las muchas fincas que poseía dejó al concejo el paraje que hoy lleva su nombre, rodeado entonces y hasta mediados del siglo XX por las huertas más fértiles y productivas de todo el término gracias a la abundancia de agua y a la profundidad de los suelos sujetados por bancales centenarios de piedra seca. Por ello el paseo de la Fuente del Cura fue siempre un camino rural, y aunque hoy está incluido en todo su recorrido dentro del ámbito urbano del municipio sigue rodeado por un valioso entorno natural enmarcado por uno de los paisajes más sobresalientes y valorados de la Sierra de Guadarrama.
          Pero quizá su mayor relevancia histórica y sin duda la más desconocida proviene del hecho de que este camino sirvió de acceso a la sierra para muchos de los ilustres naturalistas, pintores, educadores e intelectuales que protagonizaron el proceso de descubrimiento del Guadarrama para la ciencia, las artes y la cultura durante los siglos XVIII y XIX, compartiendo este importante papel con la mucho más importante carretera del puerto de Navacerrada construida en tiempos de Carlos III, ya que ambas vías de acceso eran las más directas para viajar desde la corte madrileña al corazón la sierra. La relación de personalidades de mayor o menor relevancia que pasaron por aquí en sus excursiones o salidas de campo podría ser casi interminable. Casimiro Gómez Ortega (1740-1818), primer catedrático y director del Real Jardín Botánico de Madrid, y el botánico francés Louis Neé (1734-1803), quien diez años después participaría como colector de plantas exóticas en la famosa expedición de Alejandro Malaspina alrededor del mundo, lo recorrieron en 1779 con destino al puerto de la Morcuera, al que subían en busca de especies botánicas para los herbarios y las plantaciones del nuevo jardín todavía en construcción que tres años después abriría sus puertas en el Paseo del Prado por iniciativa del mismo rey Carlos III. Ya en el siglo XIX lo transitaron con asiduidad para subir a la sierra los geólogos y entomólogos de la Comisión del Mapa Geológico y de la Sociedad Española de Historia Natural, como Casiano de Prado, Francisco Quiroga, Laureano Pérez Arcas, Ignacio Bolívar y otros muchos. Por todo ello, este camino ha jugado un papel relevante en el desarrollo de las ciencias naturales en España y, consecuentemente, en el proceso de formación de nuestra moderna conciencia ambiental. No es poco.

El botánico francés Louis Neé 
(Archivo del MNCN-CSIC)

          A finales del siglo XIX y principios del XX, por el camino de la Fuente del Cura emprendían sus frecuentes excursiones al monasterio del Paular los profesores y alumnos de la Institución Libre de Enseñanza. Tras pasar la noche en la Fonda los Álamos, situada frente al enorme Álamo de Miraflores
 cuyo tronco monumental hemos reproducido en bronce recientemente para perpetuar su memoria, destacados pedagogos como Manuel Bartolomé Cossío y Rafael Torres Campos, que modernizarían el panorama educativo español en muy poco tiempo, partían rayando el alba con grupos de diez a veinte niños precedidos todos por Alejo Aragón, el propietario de la fonda, quien sirvió de guía durante años a estos y a otros muchos excursionistas de la época para evitar su extravío en el tortuoso trazado del camino de la sierra, que en la parte alta de su recorrido se perdía entre espesos piornales. En el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza y en variedad de libros y artículos de prensa se pueden encontrar numerosos relatos de viaje de algunos de estos descubridores de la sierra en sus jornadas por este humilde camino, lo que, insistimos, vuelve a dar fe de la importancia histórica que tuvo esta vía de acceso al valle de Lozoya.

Manuel Bartolomé Cossío en 1920. Fotografía 
de José Padró (Universidad de Salamanca)

          Las bellas artes también fueron influidas por la belleza del camino de la Fuente del Cura. Instigado por su amigo Aureliano de Beruete, por entonces profesor de dibujo en la Institución Libre de Enseñanza, el pintor catalán Jaime Morera y Galicia (1854-1927) se lanzó a  conocer la Sierra de Guadarrama en busca de temas para sus cuadros y descubrió en 1890 el pueblo de Miraflores de la Sierra y las montañas que lo abrazan. Durante los dos inviernos siguientes, Morera recorrió sin descanso estos paisajes para pintar no sólo las cumbres nevadas y las laderas cubiertas de piornales, sino también los chozos de los pastores, los hornos de los carboneros, las parideras del ganado y las casillas de las numerosas huertas que salpicaban los alrededores del pueblo, en especial las de la Fuente del Cura, uno de los parajes más representados en sus lienzos durante aquellas largas estancias invernales en Miraflores. Tras estas campañas pictóricas presentó numerosas obras sobre temas serranos en las exposiciones nacionales de pintura de 1897 y 1901, consiguiendo en esta última, bajo el título general de «Estudios del Guadarrama», la Primera Medalla y un gran éxito ante la crítica. Esta serie de cuadros se mostraría después en distintas exposiciones europeas y americanas. Hoy Morera está considerado como el verdadero y más genuino pintor de la sierra, pues su obra tuvo una influencia decisiva en la aparición de una corriente paisajista íntimamente vinculada al Guadarrama que se materializaría en 1918 con la creación, por parte de la Dirección General de Bellas Artes, de la Residencia de pintores de paisaje en el monasterio de El Paular. 

Jaime Morera en Miraflores de la 
Sierra a comienzosde 1891 (BNE)
Jaime Morera: Estudio de la Fuente del Cura (1891). Ayuntamiento de Getxo (Vizcaya). El camino que aparece en el cuadro es el mismo que se verá afectado por el proyecto











          
          Eguadarramismo del siglo XXI, cada vez más comprometido en la defensa de los grandes valores culturales de la Sierra de Guadarrama, tiene en la figura de Jaime Morera uno de sus referentes más sólidos, y a los paisajes de Miraflores de la Sierra, como los de la Fuente del Cura que hoy nos ocupan, les corresponde el gran mérito de haber contribuido, plasmados en sus lienzos, al nacimiento y desarrollo de ese movimiento cultural surgido en la época de la Restauración y que hoy conocemos como «descubrimiento del Guadarrama»
         El camino de la Fuente del Cura fue el lugar de paseo favorito, por lo admirado, para dos ilustres Premios Nobel muy vinculados a la localidad, quienes podían acceder fácilmente a este paraje desde sus hoteles de veraneo situados a escasos doscientos metros de aquí. A comienzos del siglo XX, Santiago Ramón y Cajal solía pasear diariamente por él en compañía de su amigo y colega Federico Olóriz, también ilustre galeno y profesor en la Facultad de Medicina de San Carlos. Vicente Aleixandre, quien pasó su primer verano en el pueblo en 1910, siendo aún un niño, mostró siempre su devoción por los espectaculares cielos nocturnos que se pueden contemplar desde la Fuente del Cura y su entorno, de lo cual dejó testimonio en su poesía y en su correspondencia personal, como en la carta dirigida al también poeta y amigo Gerardo Diego, fechada en Miraflores el 11 de agosto de 1940, precisamenta la mejor época del año para contemplar las Perseidas:

«A este tremendo paisaje le soy muy deudor. Anchura, profundidad, capacidad de ensueño: todo esto está ofreciendo esta dilatadísima tierra al poeta que en pie la mira o que sobre ella se tiende. Y yo sé cuánto hay en mi poesia de este altísimo cielo desnudo, de estas noches tremendas en las que toda la inmensa bóveda velaba sobre mi cabeza...»
   
El poeta y Premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre en la Fuente del Cura, hacia 1960 (AAVA) 

Un paisaje sobresaliente digno de ser catalogado y protegido
El paisaje que se contempla desde el camino de la Fuente del Cura constituye un importante patrimonio no sólo de la localidad que tiene el privilegio de albergarlo, sino también de la Sierra de Guadarrama en su conjunto y más concretamente del Parque Nacional creado hace cinco años. Aún así, en las últimas décadas ha venido sufriendo una grave degradación por los efectos del abandono y por una mala planificación urbanística. Sin embargo, los miles de personas que transitan por él a lo largo del año pueden seguir admirando la diversidad de matices a los que dan lugar los cambios estacionales en las magníficas perspectivas del profundo barranco del río enmarcadas por el robledal de la Raya, la maciza cima de las Cuatro Calles y los suaves perfiles de la sierra de la Morcuera. Sus cielos nocturnos siguen siendo espectaculares, a pesar del halo de contaminación lumínica que emite la cercana aglomeración urbana de Madrid, de la cual quedan relativamente protegidos por la especial orografía del valle. En una observación pública del cielo nocturno que sirvió de colofón a las I Jornadas sobre Contaminación Lumínica en el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, que organizamos en 2016 desde la concejalía de Medio Ambiente y Urbanismo del Ayuntamiento de Miraflores de la Sierra y para la cual apagamos durante media hora la iluminación pública de la carretera de Rascafría, el astrofísico de la Universidad Complutense de Madrid Jesús Gallego Maestro destacó la notable calidad que aún mantienen estos cielos, que podría ser conservada e incluso recuperada como recurso turístico sostenible con la instalación de un sistema de alumbrado público eficiente y no contaminante. Y en ello ya estamos trabajando tras la redacción del Plan de Acción de Alumbrado Público de Miraflores de la Sierra, que dotará a medio plazo al casco urbano del sistema de iluminación que merece como municipio del entorno inmediato del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama.

El molino Viejo, el prado y las casillas de la Fuente del Cura con el fondo del monte de la Raya y la cima de las Cuatro Calles (fotografía tomada por Julio Vías Macías en 1942) 
El prado y las casillas de Genaro González, en primer término, e inmediatamente detrás la vaquería de "Lobo" (fotografía tomada por Julio Vías Macías en 1946)
El prado y las casillas ganaderas de la Fuente del Cura en el invierno de 1974 (fotografía de Pepe Nicolás)
El prado con las casillas recién derribadas en 2014 para edificar una vivienda
          
          El arroyo de Miraflores en realidad el río Guadalix que nace más arriba en las vertientes del Umbrión de la Najarra y de la sierra de la Morcuera corre a poniente y a los mismos pies del camino, y pocos metros aguas abajo de la Fuente del Cura se va encajando cada vez más profundamente en los durísimos gneises de esta parte de la sierra hasta formar un espectacular tajo en forma de V que se abre entre el molino Viejo o de Salustiano y el tramo fluvial que antiguamente se conocía como el «río de la Luz», a la altura de la fuente del Gazapo. La geomorfología de este barranco mereció la publicación de algún que otro importante estudio científico en los años cuarenta del siglo pasado. Otro singular atractivo, aunque menos conocido, es que en este paraje se encuentran los restos de una antigua mina de arsenopirita de gran interés histórico y geológico, abandonada en el siglo XIX y hoy inaccesible. Todo este entorno, ya prácticamente incluido dentro del ámbito urbano del municipio, está estrechamente rodeado por el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares y el Lugar de Interés Comunitario «Cuenca del río Manzanares», figura de protección internacional perteneciente a la Red Natura 2000. También se encuentra íntimamente abrazado por la zona periférica de protección del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, de cuyos límites dista apenas un par de kilómetros en línea recta.  

El barranco del río Miraflores conforma un paisaje sobresaliente. El paseo de la Fuente del Cura transcurre apenas unas decenas de metros sobre el lugar donde está tomada la fotografía 

En el fondo del barranco, el río en pleno estiaje deja ver su lecho tallado y pulido por la corriente durante miles de años, adoptando formas de gran interés geomorfológico


                  
         No menos importantes son sus valores estrictamente naturales, en especial la biodiversidad que alberga, pues este tramo de río hace las veces de corredor ecológico que transcurre entre zonas intensamente urbanizadas y por donde transita un variado conjunto de especies de fauna, que al amparo de la protección que vienen recibiendo desde hace años se dejan ver cada vez más fácilmente. Prueba de ello es el regreso de la nutria tras tras la recuperación del caudal ecológico del río hace unos años, o los corzos que acuden a abrevar a sus orillas por las mañanas y cruzan el camino de la Fuente del Cura con total confianza en los días tranquilos de invierno y primavera, o los zorros, tejones y erizos cuyos rastros se observan también con frecuencia. En la galería de la antigua mina todavía subsiste una pequeña colonia de murciélagos. Una avifauna también sorprendente habita en las manchas de pinos y robles y entre los grandes árboles de antiguos jardines de la colonia histórica, sobrevolando el tajo del río en sus desplazamientos cotidianos tanto de día como de noche, como los buitres negros y leonados procedentes de la buitrera del Hueco del Cancho. Es muy habitual también observar ratoneros, milanos, águilas calzadas y culebreras. Por la noche es muy fácil escuchar el canto del cárabo y del autillo y observar el vuelo de la lechuza, que anida en los desvanes y entre los muros de algunas edificaciones abandonadas. Grandes lagartos ocelados y culebras de varias especies, cada vez más escasos, se dejan ver todavía a la altura del pilón de los Borricos recientemente acondicionado como fuente. En cuanto a los insectos, algunas especies protegidas de lepidópteros nocturnos y diurnos, además de coleópteros muy amenazados, como el ciervo volante (Lucanus cervus), habitan las manchas de pinar y robledal; y en la ladera del Cabezuelo que mira al río, a la que se accede en apenas cinco minutos desde el mismo centro urbano por el paseo de la Fuente del Cura, se encuentran en verano los mejores y más estridentes cantaderos de grillos de todo el término municipal, y durante el mes de julio uno de los lugares más idóneos para contemplar luciérnagas o «gusanos de luz» (Lampyris noctiluca), tan características de nuestras noches serranas y cada vez más escasas.
          Por todos estos importantes valores, la Concejalía de Medio Ambiente y Urbanismo del Ayuntamiento de Miraflores de la Sierra tiene el propósito de declarar el paseo de la Fuente del Cura y el paisaje que lo enmarca como patrimonio inmaterial de la localidad, dentro de la ampliación y actualización del Catálogo de bienes protegidos en la que estamos trabajando y a la que nos obliga la Ley 3/2013 de 18 de junio, de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid.  

A pesar del tendido eléctrico y la creciente urbanización del entorno, el paseo de la Fuente del Cura aún mantiene un notable grado de integración con el paisaje, a preservar en cualquier actuación que se lleve a cabo






















La paulatina urbanización del barranco y alguna edificación de tipo industrial rodean las ruinas del molino Viejo y el puente medieval que servía antaño para cruzar el río 

El proyecto en cuestión
El Proyecto de recuperación del paseo de la Fuente del Cura fue redactado entre 2009 y 2010 por la desaparecida empresa Arpegio, que por entonces gestionaba el Plan Regional de Inversiones (PRISMA) de la Comunidad de Madrid. Son casi diez años transcurridos desde entonces y ha quedado completamente obsoleto, sobre todo tras la declaración del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. En su elaboración se pecó de falta de previsión al no tenerse en cuenta los importantes valores culturales de esta vía pública, ni la necesidad de su armonización con un entorno tan valioso y tan cercano a este importante espacio protegido, cuyo proceso de declaración se encontraba ya muy avanzado. No se contempló la construcción de una red de saneamiento para las aguas residuales de la urbanización Los Siete Abanicos, que se vierten directamente al barranco en la misma orilla del camino con perjuicios más que visibles para los transeúntes y consecuencias muy negativas sobre los recursos hídricos. El modelo estético adoptado es más propio de un paseo marítimo al uso, de factura netamente urbana, con aceras y bordillos de cemento, pavimento de adoquín prefabricado en forma de celosía con distintos colores, zonas ajardinadas poco apropiadas en un entorno natural y áreas de aparcamiento completamente fuera de lugar en una vía de clara vocación peatonal y ciclable con grandes posibilidades para la educación ambiental y la contemplación del paisaje. En definitiva, no se consideraron ni los grandes valores naturales del entorno ni el profundo significado cultural de un camino histórico de tanta importancia para la memoria colectiva de la Sierra de Guadarrama, un valioso activo desaprovechado que debería haber servido como directriz y eje principal en la redacción del proyecto. Otro gran problema que se plantea es la iluminación del paseo, que hay que adaptar al Plan Director de Iluminación de Miraflores de la Sierra redactado por la prestigiosa consultora Lumínica Ambiental para reducir la contaminación lumínica en la zona periférica de protección del parque nacional, a falta de una normativa regional avanzada que la regule ya reclamada por algunos ayuntamientos de la zona desde la plataforma Iluminación nocturna respetuosa para la Comunidad de Madrid.
          El valor patrimonial del paisaje está reconocido por importantes organismos internacionales, como la UNESCO y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). En 2007 España ratificó su adhesión al Convenio Europeo del Paisaje, cuyo objetivo es la catalogación, ordenación y protección de los paisajes europeos y que obliga a los países que lo han suscrito a adoptar políticas con este fin a través de las administraciones estatales, regionales y locales. Hay publicados en todo el mundo innumerables estudios de urbanistas, geógrafos e ingenieros de caminos que tratan sobre la planificación urbanística de los territorios incluidos en la llamada «interfaz urbano-rural», y casi todos coinciden en que la construcción de infraestructuras debe ir mucho más allá de la mera utilidad práctica por el importante papel que desempeñan en la percepción del paisaje para las futuras generaciones. Este filtro de la percepción es un elemento fundamental al que da la máxima importancia el mismo Convenio Europeo del Paisaje, al determinar que «por paisaje se entenderá cualquier parte del territorio tal como lo percibe la población y cuyo carácter sea el resultado de la acción y la interacción de factores naturales y humanos». Es decir, consagra su carácter cultural reconociendo su influencia en la formación de la identidad de los países y las regiones. 
          El camino, ya sea un simple paseo urbano, una carretera o una autovía de peaje, es la obra pública con más influencia en la vida del hombre, pues cumple una función social de primer orden al servir de acceso a lo común e interrelacionar lo público y lo privado. Por ello las administraciones deben tener especial cuidado a la hora de su planeamiento y diseño, dada su importancia para comunicar el lugar central de donde parte con los espacios que integran el territorio de una ciudad, de una región o de un país de aquí el término «paisaje», que a menudo, como es éste el caso, constituyen un patrimonio público de gran valor.

Uno de los planos del Proyecto de recuperación del Paseo de la Fuente del Cura, en el que se observan las zonas de aparcamiento, elementos extraños en una vía de clara vocación peatonal para la contemplación del paisaje

Bordillos y cunetas de cemento serán causa de una profunda distorsión estética frente a los muros tradicionales de piedra seca que todavía se conservan en algunos tramos a lo largo del paseo
Relleno de cunetas con áridos silíceos, bordillos de hormigón, adoquines de cemento prefabricado en colores «cuero» y «mica» son materiales extraños nada acordes con el paisaje circundante y nada acogedores para la biodiversidad, como las luciérnagas que allí encuentran todavía un lugar en la noche
El proyecto contempla incluso la tala de un grupo de pinos piñoneros de gran porte, plantados al borde del paseo hace cerca de treinta años        

          Las ciudades más modernas y avanzadas de toda Europa catalogan y protegen sus paseos urbanos de mayor relevancia cultural, bien sea por razones de prestigio o como simple reclamo turístico. Madrid acaba de presentar la candidatura del Paseo del Prado para ser declarado por la UNESCO como «Paisaje de las Artes y las Ciencias», por el decisivo papel que han cumplido y siguen cumpliendo sus fuentes monumentales y los centros e instituciones centenarias que allí tienen su sede en el desarrollo científico y cultural de nuestro país, como el Real Jardín Botánico y los museos del Prado, Tyssen y Reina Sofía. El humilde paseo de la Fuente del Cura no aspira a tanto, pero sí a que se le reconozca su trascendencia en esta misma función desempeñada dentro del ámbito de la Sierra de Guadarrama, y que ello se traduzca en el cuidado escrupuloso que debe caracterizar cualquier actuación que se acometa para reformarlo. 
          Por todo ello, el Proyecto de recuperación del paseo de la Fuente del Cura pide a gritos una revisión urgente y en profundidad que tienda hacia la sencillez y sobriedad en su diseño lo que reduciría los costes y dé solución al acuciante problema del vertido de las aguas residuales de la urbanización cercana. Esta es la única forma de hacerlo compatible con el entorno del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama y de mantener la función de esta vía urbana como espacio turístico de calidad desde donde poder contemplar los paisajes que inspiraron al pintor Jaime Morera y los cielos nocturnos que tanto admiraba el poeta y Premio Nobel Vicente Aleixandre. Una recuperación bien entendida debe estar siempre en armonía con ese «proceso de cultura que da al territorio una categoría mayor y unas cualidades manifestadas por el conocimiento, el arte y la vivencia»1, según la expresión del catedrático emérito de Geografía Eduardo Martínez de Pisón, hoy el pensador más acreditado sobre el paisaje español y muy especialmente comprometido con el de la Sierra de Guadarrama. Porque además del Arte y la Cultura así con mayúsculas, las sencillas vivencias de los vecinos y de los miles de visitantes que lo frecuentan desde hace más de un siglo son argumentos intangibles, pero de mucho peso a la hora de revisar el proyecto. Como escribió en cierta ocasión un anciano académico de Bellas Artes ya fallecido, muy querido por el autor, «el Guadarrama, convertido en patrimonio del disfrute madrileño, tiene todos sus parajes asignados a algún corazón añorante».

La Fuente del Cura es uno de los parajes de más importancia para la memoria colectiva de Miraflores de la Sierra. La piscina natural que concentró en los años sesenta y setenta las actividades de recreo de los vecinos fue desmontada hace no mucho por la Confederación Hidrográfica del Tajo para recuperar las riberas del río

          Es obligación tanto de la administración regional como de los regidores municipales
el hacer todo lo posible por preservar este importante patrimonio consagrado por la pintura, la poesía y la historia de las ciencias naturales en España, pero también por la vida y la actividad cotidiana de los habitantes de la sierra durante siglos. En la parte que nos toca, hemos mantenido conversaciones con la Empresa Pública Obras de Madrid, heredera de Arpegio y encargada de llevar a cabo el proyecto, solicitando que sea replanteado y modificado en profundidad, considerando todos los criterios expuestos más arriba. Si no lo hacemos así, seremos responsables de convertir uno de los caminos de acceso al Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama más icónicos en un simple «no lugar», término acuñado a principios de los años noventa del siglo pasado por el antropólogo francés Marc Augé para denominar a los espacios sin identidad, carentes de cualquier carga histórica o simbólica, o lo que es lo mismo, de haberlo desvirtuado para siempre.    

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1. Eduardo Martínez de Pisón. «Saber ver el paisaje». Estudios Geográficos, Vol. LXXI, 269, pp. 395-414. Julio-diciembre de 2010

jueves, 8 de febrero de 2018

LA SIERRA DE GUADARRAMA: IDENTIDAD CULTURAL Y MASIFICACIÓN

Esta entrada es la transcripción completa del capítulo que escribí para 
el libro «Aurrulaque»publicado en noviembre de 2017 por Ediciones 
La Librería y cuya autoría comparto con Antonio Sáenz de Miera, 
Eduardo Martínez de Pisón, Álvaro Bermejo y Antonio Guerrero.
Las magistrales viñetas que lo ilustran, en las que hay que
hacer un click para apreciarlas con mayor calidad,
son de Jorge Arranz, cuya página web es 
http://www.jorgearranz.com/


El libro que el lector tiene en sus manos se comenzó a gestar en una comida a la que nos convocó nuestro amigo Antonio Sáenz de Miera el 17 de marzo de 2017, por medio de un correo electrónico lleno de la solemnidad y el sentido del humor de los que suele hacer gala en sus llamamientos a estas reuniones, a las que nos tiene acostumbrados desde hace ya muchos años en su querido Casino de Madrid: 

El próximo viernes día 17 a la una de la tarde nos reuniremos en el bar de socios del Casino de de Madrid de Álcalá 15, luciendo bellas corbatas, Eduardo Martínez de Pisón, Julio Vías, Álvaro Bermejo, Jorge Arranz y Antonio Sáenz de Miera con objeto de hablar del libro sobre los Aurrulaques que publicará la editorial La Librería, y que, según acuerdo aprobado en la última reunión del Patronato del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, será financiado por dicho parque. Los asistentes almorzarán en el restaurante Recoletos que se encuentra en el mismo Casino. Copio la serranilla que ha sido encontrada no sé dónde por no sé quién, y que me ha remitido el profesor Pisón:

                                              En Navarrulaque los poetas
                                              están hablando de la sierra.
                                           Cuatro puertas al Guadarrama
                                             son fuentes de agua serrana:
                                                la de Cossío en el puerto,
                                             la de la ciencia en el viento,
                                               la que brota en Peñalara
                                              y la del risco de la Aldara.
                                              En la Nava de Aurrulaque
                                                 los poetas de la sierra
                                                 charlan y hacen versos
                                             con el señor Sáenz de Miera

Confirmadme por favor la recepción de este mail.
Un abrazo y hasta el viernes.
Antonio